
12
Durante la noche el clima se había enfriado considerablemente. Las temperaturas habían descendido casi hasta el punto de congelación. Cuando salieron de la casa, un viento helado vino hacia ellas. El cielo estaba despejado. Zahra aceleró el paso.
„¿Tienes afán?“, gritó Tanja detrás de ella.
Su voz sacó a Zahra abruptamente de sus pensamientos. Ella se dio la vuelta. Se encogió de hombros y tomó aire.
„Por momentos estuve completamente en otra parte.“
„Me di cuenta. Por mi podemos caminar más rápido, si eso te hace bien.“
Zahra quería decir algo. Parecía como si tuviera una lucha con sigo misma. Tanja dio un paso hacia ella y la abrazó. La apretó fuerte contra sí. Podía sentir que temblaba.
„¿Tienes frío? Quieres que regresemos a la casa?“
Todo su cuerpo comenzó a temblar.
„Cuando salimos de la casa y vino el viento helado, algo me hizo estremecer. Hubiera querido salir corriendo. Simplemente correr y dejar todo atrás.“
Tanja soltó el abrazo y miró a Zahra comprensivamente.
De repente salió corriendo. Luego de unos metros volteó a mirar nuevamente.
„¡Ven! Vámonos de aquí. A ver a dónde nos lleva.“
Por un momento la expresión de la cara de Zahra se aclaró. Luego volvió a endurecerse.
„¡Espera!“, le gritó a Tanja.
Oasis de paz decía en un letrero de madera a pocos metros de la desviación hacia un camino angosto de arena. Las letras individuales se habían desvanecido por el sol y apenas eran legibles.
„Tal vez deberíamos dejar el carro aquí y seguir a pie.“
Clemens sonaba preocupado.
„Mira el hoyo de arena allá adelante. No quiero quedar atascado.“
„Tranquilo. ¿Qué tiene de malo una pequeña aventura?“
„Nada. Pero si nos quedamos atascados tú pides ayuda. ¿De acuerdo?“
„¡De acuerdo!“
Pasaron por diversos hoyos de arena sin problema.
„¿Estás segura que todavía estamos en el camino correcto?“ Preguntó Clemens después de un rato.
„La señal no dejaba dudas al respecto.“
„Y si…“
Miriam lo interrumpió.
Clemens detuvo el carro.
„Quieres decir que alguien simplemente puso el letrero en otro lugar para que aquellos que no conocen el camino sean engañados?“
„¿Tú nunca pusiste un letrero en otro lugar para observar desde lejos con alegría lo que pasaba?“
„Honestamente no. ¿Tú?“
„En las vacaciones de verano este era un pasatiempo favorito. Llevamos a algunos turistas al borde de la locura. Era un terreno parecido lleno de arena. Con frecuencia una grúa era la única forma para sacar el carro atascado en la arena.“
Miriam miró a su alrededor demostrativamente.
„¡Detente! Quiero ver si alguien se escondió detrás de los arbustos.“
„Te estás burlando de mi.“
„No. De ninguna manera. Me diste un gran susto.“
Clemens no reaccionó a sus palabras y pisó nuevamente el acelerador.
„¿Es así como lidias con los miedos de tu prójimo?
Miriam lo miró de manera provocativa.
„¡Mira!“
A Clemens se le podía notar claramente el alivio.
Ella apartó la mirada de él.
„Te lo dije. El letrero es viejo pero todavía cumple con su función.“
Debajo de algunos pinos estaban estacionados algunos carros. Clemens tomó con satisfacción el último estacionamiento con sombra.
„¿Eres consciente de que el sol se mueve a lo largo del día?“
„¿Por qué eres tan quisquillosa todo el tiempo?
Miriam lo miró desafiante.
„Tu curso de yoga ya casi comienza. Tal vez te ayude a calmarte un poco.“
„A mí me va de maravilla. No tengo ninguna razón para calmarme, como tú dices. Pero ya veo. El caballero necesita algo de pausa de una mujer joven y dinámica.“
Sin responder Clemens se bajó del carro, cerró la puerta con demasiada fuerza detrás de él, y, después de unos pocos pasos, ya se había metido entre los arbustos y había desaparecido.
Zahra alcanzó a Tanja luego de uns pocos pasos.
„Entonces ¿Hacia dónde va el viaje?“
„A ninguna parte. En cualquier lugar del mundo voy a seguir estando embarazada. Y ese es ahora mi mayor problema. Desde que lo sé apenas puedo pensar en otra cosa.“
„¿Te puedes imaginar que Clemens se las arregle con el hijo de otro?“
Zahra no podía creer lo que le preguntaban.
„¿Arreglárselas? Como suena. No quiero que Clemens se las tenga que arreglar con algo. Ni siquiera estoy segura de querer ser madre.
„Pensé…“
Zahra miró a Tanja sin comprender.
„Tú sabes…“
„¿Qué?“
„Yo sería una mamá terrible. Solo podría transmitir lo que yo misma experimenté.“
„¿Cómo se te ocurren esas tonterías?“
„¿Se te olvidó cómo era mi mamá? ¿Debo repetir todo eso conmigo? ¿Debe mi hija hablar aquí con su mejor amiga sobre cosas parecidas como nosotras?“
„¿Cómo se va a llamar ella?“
„¿Quién?“
„¡Tu hija!“
„No voy a tener una hija. Y si es así, será un niño.“
„Mi querida, es obvio que te sientes más cómoda con la maternidad de lo que te gustaría.“
„Deja eso. Realmente no estoy de humor para bromas.“
La mano de Tanja fue hasta la boca. Hizo un gesto como si su mano estuviera cerrando algo.
„Sin bromas, por favor.“
De pronto a Zahra la asaltó un llanto convulsivo. Entonces ambas se detuvieron.
Como si tuviera que enfatizar su estado de ánimo, pateó varias veces el piso.
„Lo siento. Fui insensible. ¡Perdóname!“
Luego de un rato Zahra se calmó.
„Está bien. Tampoco sabría como hablarte si nuestros papeles estuvieran invertidos.“
Tanja asintió.
„Tengo frío. El aire fresco me hizo bien. Pero ahora necesito nuevamente un ambiente más cálido.“
Zahra tomó a Tanja de gancho. Disfrutaba de su cercanía. En su interior algo se soltó. Ella no podía decir todavía para qué alcanzaba. Al menos ya no estaba tan devastada.
„¡Gracias!“
„¿De qué?
„Que tú simplemente estás aquí.“
