
Sermón del 6. Domingo después de Trinitatis
La Epifanía – Ciudad de Guatemala
16 de julio de 2023
Pastor Thomas Reppich
Queridos hermanos,
Hace algunos días me preguntaron antiguos alumnos del Colegio Alemán, si conozco una película. Cuando escuché el título, negué la pregunta.
Sentí curiosidad y en la noche verifiqué de qué película hablaban. Finalmente deseaba saber qué era lo que les había fascinado tanto de ella.
La película se trata de personas que están completamente endeudadas. Son invitadas por gente cuestionable a participar en un juego. No se especifica en qué consiste el juego. Sin embargo, les prometen que van a ganar una gran suma de dinero si concluyen el juego exitosamente.
Para más de cuatrocientas personas, la situación de vida en la que se encuentran es tan desesperada que deciden participar.
Después de su consentimiento son llevados a un lugar secreto, tienen que entregar todos sus artículos personales y reciben un uniforme con su número. Las personalidades se convierten en números.
En el primer día del juego, todos los participantes se encuentran en un patio y los invitan a jugar un juego que conocemos: buey de la montaña. Un jugador es el buey. La tarea de los participantes es alcanzar la montaña. Mientras que el buey le da la espalda una y otra vez a los participantes, grita en voz alta: „Uno, dos, tres, buey de la montaña.“ Mientras que cuenta hasta tres, los niños pueden acercarse paso a paso a la montaña. Con la palabra „montaña“ el buey se voltea rápidamente y todos los niños del grupo deben quedarse completamente quietos en ese momento, como petrificados. Cualquiera que se mueva es eliminado del juego.
En la película los jugadores deben moverse hacia una línea de meta. Se les permite hacer esto siempre que una muñeca de gran tamaño vuelva su cabeza hacia otro lado. Cuando su cabeza se vuelve hacia ellos, ya no se deben mover. Cualquiera que sea detectado por los numerosos sensores en un movimiento mínimo será fusilado.
¿Por qué los jóvenes ven películas como esa? Me pregunté e interrumpí la película cuando el primer jugador fue fusilado.
¿La vida es un juego para ellos? ¿Viven con la sensación de ser un número? ¿Representa la película una realidad que perciben para sí mismos, sin que ellos necesariamente sean conscientes de eso?
Estuve reflexionando sobre lo anteriormente mencionado, en dónde y cuándo sentí haberme convertido en un número.
- En nuestras repetidas visitas en Migración de vez en cuando tuve la la impresión de haberme convertido en un número. No pude esperar comprensión para nuestra situación personal. Tuvimos que considerar regulaciones formales que a veces son difíciles de comprender. Después de todo, todas y todos deben ser tratados por igual.
- Puedo decir sobre mí que mi iglesia regional me asignó un número personal. Al mismo tiempo, solo hay una persona con mi nombre que haya estado a su servicio.
- Los migrantes en su camino errante sin fin rápidamente se convierten en números. Son parte de una cifra, que algunos países consideran demasiado alto o incluso aceptable para incluirla.
- Los soldados en las guerras que tienen lugar en nuestros días, rápidamente se convierten en números. Los gobiernos envían un cierto número previamente determinado a las zonas de guerra. Pero siempre son destinos individuales, que están detrás de los que son enviados. Mujeres y hombres que tienen familia y amigos. Si regresan con vida, con frecuencia tienen que experimentar que casi nadie se interesa en ellos, porque hace rato se convirtieron en un número.
- Si hoy en día hacemos una fila, recibimos un número. Técnicamente desde hace tiempo sería posible, ingresar nuestro nombre al registrarnos en el sistema, que aparece en pantalla cuando es nuestro turno.
En medio de tales experiencias, el profeta nos habla hoy palabras sanadoras:
Isaías 43,1-3
1 Pero ahora, así dice el SEÑOR, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: «No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. 2 Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. 3 Yo soy el SEÑOR, tu Dios.
Qué maravilloso es escuchar que para Dios no somos un número. Nuestro ser como número tiene un final, porque Dios nos llama por nuestro nombre – a cada una y cada uno de nosotros.
Es interesante que en algún momento los jugadores del mencionado juego se preguntan los nombres entre sí. Parecen percibir que su vida se enriquece, cuando son llamados por sus propios nombres y si pueden hablarle a los demás por su nombre. El hecho de que se llamen por su nombre hace soportable la crueldad del juego, ya que cada vez queda más claro que al final solo uno puede sobrevivir. En el juego, que se ha convertido en su vida, comienzan a buscar salidas haciendo contactos de manera vacilante y forjando alianzas.
Puede haber muchos contextos en la vida que nos sugieren que somos convertidos en figuras impersonales de un juego. Y sin embargo Dios nos promete: „No tengas miedo, yo te redimí. Te llamé por tu nombre; me perteneces.“
ÉL también podría decir: „No tengas miedo. En mi Reino no hay ganadores ni perdedores. Nadie se queda atrás. Ustedes no tienen que luchar por el reconocimiento.“
Aquellos que pueden mantener la fe en sí mismos, no solo mantienen la fe de Dios en nosotros sino en toda la humanidad. Este es un rayo de luz en momentos en que experimentamos algo diferente.
„No tengas miedo, yo te redimí. Te llamé por tu nombre; me perteneces.“
Tengamos presente esta promesa de Dios a nosotros en nuestros próximos días. Dejemos que ella nos lleve. Porque una cosa es cierta: Dios cumple su palabra.
Amén
