Un corazón que escuche

Sermón del 9. Domingo después de Trinitatis

La Epifanía – Ciudad de Guatemala

6 de agosto de  2023

Pastor Thomas Reppich

  1. Reyes 3,9

9 Da, pues, a tu siervo un corazón que escuche, para que pueda justificar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Porque ¿quién podrá hacer justicia a tu pueblo, que es tan poderoso?

Queridos hermanos,

imagínense que tuvieran la oportunidad de pedir un deseo. 

¿Qué sería eso que es tan importante, precioso y especial para ustedes que lo desearían?

  • Pausa –

Tal vez ese deseo no sea tan personal, de manera que se lo pueden decir a su vecino en voz baja al oído.

  • Pausa –

De niños nos estimularon de pedir un deseo en silencio antes de apagar las velas de cumpleaños. El cumplimiento de ese deseo dependería sobre todo de si lográbamos mantenerlo en secreto.

En noches claras y de estrellas aún mucha gente se siente atraída a salir. Quieren encontrar con la mirada una de aquellas estrellas fugaces que a lo mejor solo ellos pueden ver. Aparentemente depende mucho de esa exclusividad para que lo anhelado realmente ocurra.

Ya muy temprano me enseñaron que puedo desear todo lo que quiera pero que muy pocos deseos se hacen realidad.

Quizás hoy nos hemos vuelto demasiado sabios como para confiar en nuestros propios deseos. Desde hace tiempo sabemos que casi ningún deseo se cumple e incluso la lista de deseos para Navidad, creada con meticulosidad y adornada con maravillosos dibujos, con frecuencia siguió siendo una lista de deseos porque estaban demasiado distanciados de la opinión de los padres, quienes no querían simplemente conceder un deseo, sino que al mismo tiempo querían reunir los requisitos para regalar algo significativo. 

Todavía existen los deseos e incluso el desear no ha salido de moda ni siquiera al envejecer. Ya no deseamos los 6 números correctos de la lotería, luego con cifra adicional y luego con un super número. Nos volvimos más humildes y nos alegramos cuando llega una visita o una llamada esperadas o simplemente si tenemos un día libre de esos pequeños dolores y nos sentimos por algunas horas tan jovenes como hacía tiempo no lo hacíamos.

Una noche mientras sueña, a Salomón se le concede un deseo. “Pide lo que quieras que te de”. Le ofrece Dios de manera generosa. Luego de un rato viene una respuesta que también desde el punto de vista de hoy es sorpresiva: 

Da, pues, a tu siervo un corazón que escuche, para que pueda justificar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal.

Salomón desea un corazón que escuche. ¿Qué puede ser eso?

Si somos nosotros los que de vez en cuando escuchamos el latido de nuestro corazón. ¿Cómo puede el corazón escuchar?

Sigamos la indicación de Salomón. ¿Qué nos quiere decir con eso?

  • Para hacer lo correcto en la vida a veces debemos escuchar a nuestro corazón. No nos debemos dejar guiar solo por el entendimiento, el que, como ya lo sabemos hace tiempo, con frecuencia nos ha llevado por mal camino.
  • Tal vez, a la hora de tomar decisiones importantes en la vida sea primordial encontrar un equilibrio entre nuestra mente y nuestras emociones.
  • Desde la mente a veces podemos sentir la necesidad de hacer algo. Pero justo entonces algo se mueve en nosotros y contradice.
  • Saber lo que conviene y lo que es bueno en el momento no tiene por qué convencer a los demás. Cuán importante es entonces ganar a otros para una causa desde el corazón.

Y por cierto: Dios señala un punto importante con su pregunta: ¿Qué necesitas?

¿Realmente necesito lo que estoy deseando tanto ahora?

¿Qué le decimos a Dios en nuestras oraciones? ¿Qué le pedimos? ¿Necesitamos lo que le pedimos? ¿O pedimos por costumbre algo que en realidad no requerimos, algo  que sería necesario?

Probablemente ninguna y ninguno de nosotros ha pedido alguna vez un corazón que escuche. Y sin embargo, si lo hiciéramos ¿qué sería diferente?

Dios está tan satisfecho con la respuesta de Salomón, que le da muchas cosas que se nos hubieran ocurrido a nosotros en su lugar: sustento, riqueza, larga vida.

Pero ¿la clave de lo que asociamos con felicidad y satisfacción en la vida reside precisamente en ese deseo de Salomón? Con un corazón que escucha muchas cosas en la vida se vuelven más fáciles. Y lo que de otro modo es tan anhelado ocurre automáticamente, porque estamos en buen camino. Así como Jesús les recuerda a sus discípulos:„Vuestro Padre sabe lo necesitáis antes de que se lo pidáis.“ (Mateo 6,8).

Puesto en perspectiva, muchas cosas que podríamos desear pueden diferenciarse entre si, a veces ser incluso descartadas.

Un abuelo puede desear que su nieto activo lo invite a la siguiente acción. Incluso está dispuesto a pegarse junto con él en la calle frente a la estación central de trenes.

Alguien solo desea solamente poder terminar de escribir poco a poco su libro de la vida. De vez en cuando retrocede las páginas y se alegra por algunos episodios de una vida plena.

Mientras que algunos quieren cambiar algunas cosas, otros simplemente quieren poder decir adiós en paz y tranquilidad.

Lo que parece contradecirse, vuelve a encontrarse en la petición de Salomón. Con corazones que escuchan podemos seguir nuestros propios deseos, sin tener que perder de vista los deseos de los demás.

“¿Qué necesitas?” Esta pregunta nos la hace Dios a todos nosotros. ¿Por qué no hemos de ser capaces de estar muy pendientes de nosotros mismos y al mismo tiempo abiertos y comprensivos a los deseos de los demás?

Sabiendo esto, comencemos relajadamente la semana con la certeza de que el SEÑOR nos tiene preparado cada día lo que necesitamos para vivir. 

Amén.