
Sermón del antepenúltimo domingo del año eclesiástico
La Epifanía – Ciudad de Guatemala
12 de noviembre de 2023
Pastor Thomas Reppich
Parte II de la Serie de Sermones
Desafíos de la fe
Fe y filosofía
Marcos 3,1-6 Hacer el bien en el contexto del utilitarismo
La paz como desafío teológico y filosófico
Queridos hermanos,
El filósofo que vivió en el siglo 18 hasta comienzos del siglo 19, Jeremy Benthem, hacía parte de aquellos que desarrollaron el enfoque filosófico del utilitarismo (del latín utilitas: provecho, ventaja) y con ello influyó en las posiciones éticas básicas hasta el día de hoy. Su idea filosófica básica se puede detallar brevemente de la siguiente manera: Una acción puede describirse como moralmente buena si aumenta la felicidad y el bienestar de un grupo. El grupo siempre tiene prioridad sobre el individuo.
Este principio también se encuentra en el plan de estudio de las clases de filosofía y ética de nuestros días. Invita a las alumnas y a los alumnos a reflexionar sobre si es moralmente justificable derribar un avión de pasajeros secuestrado y aceptar así la muerte de todos los que van a bordo, si es de esperar que el avión sea inducido a estrellarse sobre una gran ciudad y esto ocasionara daños mayores.
Esta forma de ver las cosas le abre las puertas a las intervenciones militares sobre todo en tiempos de guerra. Los “daños colaterales” entre la población civil, como se le llama a manera de eufemismo, se aceptan con gran aprobación si pueden evitar daños mayores o se logran los propios objetivos.
Sin embargo: todas las personas asesinadas tienen nombre, son parte de una familia, dejan atrás familiares y abren heridas permanentes en los corazones de mucha gente. ¿No brotarán inevitablemente las semillas del dolor entre las familias afectadas y eventualmente, tarde o temprano, después de una fase de conmoción e impotencia, conducirán a la ira y el odio?
Contrastaré este enfoque filosófico del utilitarismo, que aún hoy es popular, con un texto bíblico. Es un pasaje del Evangelio de Marcos. Se centra en las acciones de Jesús durante el sábado y evalúa si su comportamiento es compatible con las normas generales para preservar el sábado.
Leo del capítulo 3
1 En otra ocasión entró en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. 2 Algunos que buscaban un motivo para acusar a Jesús no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba al enfermo en sábado. 3 Entonces Jesús le dijo al hombre de la mano paralizada: ―Ponte de pie frente a todos. 4 Luego dijo a los otros: ―¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o matar? Pero ellos permanecieron callados. 5 Jesús se quedó mirándoles, enojado y entristecido por la dureza de su corazón, y dijo al hombre: ―Extiende la mano. La extendió, y la mano quedó restablecida. 6 Tan pronto como salieron los fariseos, comenzaron a tramar con los herodianos cómo matar a Jesús.
Jesús acaba de ser confrontado por los fariseos porque fue por los campos recogiendo grano. “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado“(2, 27), objetó Él. No sabían muy bien qué responderle, pero lo persiguen cuando se dirige a la sinagoga. Allí un enfermo se interpone en su camino y le pide sanar su mano “marchita”. Jesús se detiene por un momento y luego se da vuelta hacia los fariseos y pregunta: “¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o matar?” Los fariseos callan avergonzados. Nuevamente no tienen nada que objetar a lo que dijo Jesús. Sin embargo, están llenos de odio. Incluso cuando la mano del enfermo está sanada, no se pueden alegrar. En vez de eso piensan en cómo poder asesinarlo.
¿Es tan reprobable ayudarle a una sola persona aunque una comunidad no se beneficie de ello?
Esta pregunta básica sale a nuestro encuentro una y otra vez en la vida y ya nos ha desafiado a nosotros algunas veces.
- Cuando éramos más jóvenes probablemente nos prohibieron el contacto con un grupo de la vecindad. Los padres temían la mala influencia. Sin embargo, un día lo dejamos de lado cuando alguien de ese grupo se vio en apuros y dependió de nuestra ayuda. Para disgusto de nuestros padres incluso nos hicimos amigos.
- En nuestra formación profesional aprendimos muy temprano, que los años académicos no son años de maestría. Más adelante cuando nosotros formamos a los aprendices, no siempre seguimos el principio de aquel entonces. Cuando pudimos haber hecho el bien con nuestra indulgencia, cerramos los ojos.
Estos son solo dos ejemplos, a lo que ustedes podrían añadir los que quieran. Nos muestran, que hacer el bien a veces nos obliga a ir más allá de las reglas generales. En principio esto no pone en entredicho la regla. Pero la situación hace que rompamos con ella. A veces puede ser que con el correr del tiempo las reglas vigentes sean re-pensadas, porque experimentamos cómo nos impidieron hacer algo bueno.
La historia bíblica de la sanación hecha por Jesús en sábado me muestra claramente:
- Una regla que no permita una excepción conduce inevitablemente a un comportamiento cruel que considera como secundaria la necesidad de su prójimo.
- Por eso primero debemos preguntarnos, si con nuestro actuar o no actuar perjudicamos o ayudamos al individuo.
- Cuando tenemos claro cómo le podemos ayudar a alguien, puede ser necesario, ignorar una regla general vigente.
- Es posible que estemos distanciándonos de aquellos que de otro modo estarían a nuestro lado a través de un comportamiento necesario, imprescindible – (en alemán necesario es notwendend. Not significa necesidad y wendend que voltea). Esto exige más valor y valentía.
Los “primeros auxilios“, como lo quiero llamar, no conocen reglas. Incluso si me desplomo en “tierra enemiga” esperaré y desearé que me ayuden de todas formas y no me dejen simplemente tirado.
Aquellos que aún hoy siguen aquella máxima del utilitarismo: “el mayor beneficio para la mayor cantidad de personas”, para mi corren el peligro concreto de poner al público general y sus reglas por encima del destino de un individuo.
Jesús muestra una actitud con su comportamiento: sin importar la persona, el día o las reglas establecidas, debemos ofrecer una mano y ayuda a quien la pide.
Por otro lado esto me da, incluso en las situaciones difíciles, una sensación que me tranquiliza. También habrá alguien para mi, que me dé la mano cuando esté necesitado. Esto me permite andar relajado por la vida, porque confío en que Dios cuida de mi de esa manera. ¡Gracias a Dios! Amén
