La despreocupación es un verdadero tesoro

Sermón del 15. Domingo después de Trinitatis

Iglesia Evangélica de Niederhosenbach/ Wickenroth

8 de septiembre de 2024

Mateo 6,33-34

Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. Por lo tanto, no os angustiéis por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.

Queridos hermanos,

La despreocupación es un verdadero tesoro, tal vez el más grande junto a la vida que Dios nos regaló.

Y, sin embargo, conocemos la preocupación, las preguntas incisivas, aquellas dudas que de noche nos roban el sueño.

¿Qué va a pasar? ¿No puede terminar bien si todo sigue así?

En febrero de este año le preguntaron a ciudadanas y ciudadanos alemanes qué es lo que les genera preocupación:

Inflación: 37%

Inmigración: 35%

Pobreza y desigualdad social: 34%

Cambio climático: 23%

Extremismo: 21%

Criminalidad y violencia: 20%

Conflicto militar: 20%

Cuidado de la salud: 16%

Impuestos: 15%

Pérdida de la moral: 12%

Desempleo: 10%

Educación: 10%

Amenazas al medio ambiente: 9%

Corrupción: 8%

Terrorismo: 7%

Preservación de estándares sociales: 7%

Coronavirus: 3%

Acceso a créditos: 2%

Fuente:  https://de.statista.com/statistik/daten/studie/180147/umfrage/groesste-sorgen-der-deutschen/

Preocupaciones como estas podrían ser refutadas por algunos hechos y considerarse infundadas. Pero también sabemos que: Contra nuestra sensación instintiva los mejores hechos no nos convencen mucho. Además otros nos dicen: No escuchen solo su entendimiento. Háganle más caso a su intuición.

Y asentimos sobre todo en situaciones en las que las circunstancias son confusas, las opiniones son divergentes, los expertos no llegan a un acuerdo o nuestro instinto simplemente nos dice: ¡Ten cuidado!

Cómo podemos volver a una serenidad que toma en serio las propias preocupaciones y miedos y los de nuestros seres queridos, pero también aquellos de la sociedad en conjunto, y, que al mismo tiempo no perdamos la cabeza. Pues finalmente: Lo que nos dice nuestra cabeza y nuestra intuición tiene su legitimidad.

Para aquellos que quieren ir sobre seguro cualquier forma de serenidad es incomprensible casi que molesta. Seguro es seguro, pues: “Es mejor prevenir que lamentar.” Quien se deja llevar por la serenidad y la despreocupación ya no tiene ambos pies en la tierra – y eso es lo que importa: Ver el mundo y las circunstancias como son. El que no lo hace no debe sorprenderse…

Nosotros los cristianos no nos podemos liberar de que aquellos pensamientos también pueden determinarnos. Sin embargo, a veces hacemos uso de medios milagrosos cuando tomamos la varita mágica de la despreocupación y de la serenidad. ¿Por qué es esto así?

  • Por un lado: porque nos sentimos conectados con los demás. Confiamos en que juntos podemos reunir mucho de lo que todos necesitamos para vivir e incluso muchas veces para sobrevivir. Son muchas experiencias de que al final, contrario a todas las expectativas, sí alcanzó, es más: Al compartir unos con otros hemos experimentado una felicidad que no podíamos darnos a nosotros mismos.
  • Y por el otro lado: Porque confiamos profundamente dentro de nosotros en que Dios en su Trinidad como Padre, Hijo y Espíritu está con nosotros en el camino de diferentes maneras y nos cuida.

Si, mañana también ocurrirá algo de lo previsible. Eso es seguro. Y sin embargo: Preocuparse por eso realmente puede arruinar nuestro día y nos puede quitar la confianza y la fuerza incluso para comenzarlo.

Si, peor aún: Algunos días, a lo predecible se unirá lo impredecible. Tal vez incluso suceda algo que cambie nuestras vidas por completo.

Jesús nunca responde a la preocupación de sus discípulos con la indicación: “No hay ninguna razón para preocuparse.” Más bien podría decir: “Tienen todos los motivos para preocuparse, pero porque esto es así, mantengan presente que no están solos. Ustedes son una comunidad. Se pueden apoyar mutuamente y cuidar los unos de los otros. Lo que uno no tiene el otro lo puede compartir. Ustedes no están solos. ¡Miren a su alrededor!”

La preocupación hace parte de la vida como el pan de cada día. Afrontarla con serenidad y confianza nunca podrá silenciar su voz de alerta. Y, sin embargo, a pesar de ella, nos sentiremos lo suficientemente fuertes para afrontar el día que viene junto a los demás y junto a nuestro Dios. 

Amén