
Sermón del 18. Domingo después de Trinitatis – Día de Acción de Gracias
Iglesia evangélica de Mörschied
6 de octubre 2024
1. Timoteo 4, 4+5
Todo lo que Dios ha creado es bueno, y nada es despreciable si se recibe con acción de gracias, porque la palabra de Dios y la oración lo santifican.
Queridos hermanos,
Hace unos días cuando viajaba en carro leí una pancarta que decía:
“Cualquiera que quiera poner más de esos se hará inelegible.”
En la pancarta se podían observar numerosas turbinas eólicas. Muy pronto comprendí de qué se trata. Hay gente que protesta contra el plan de seguir colocando turbinas eólicas. En el corto tiempo que llevo aquí, el número de turbinas eólicas ha aumentado significativamente. La región local en algunos lugares parece predestinada para la generación de energía eléctrica a través de la energía eólica.
Lo que agrada a unos llama a otros a resistir. Unos quieren preservar la naturaleza y se preocupan por el hábitat de las aves. Otros ven en los parques eólicos, como se les llama, una contribución importante para generar energía eléctrica de una manera diferente.
También aquellos que no se cansan de poner en tela de juicio la crisis climática, finalmente siempre ha habido fluctuaciones en el clima, van a tener que reconocer que algunas cosas han tomado proporciones amenazantes para los seres humanos, los animales y la naturaleza: aumento de tormentas con inundaciones e incendios forestales, cada año nuevos temperaturas récord en la media anual. A más tardar cuando el propio sótano esté inundado, el propio automóvil sea arrastrado por las masas de agua y se hunda en el lodo, entenderemos que la irresponsabilidad debe tener fin.
Pero mientras uno no esté personalmente afectado uno sigue creyendo que las medidas como la de colocar turbinas eólicas – para renovar la industria energética – no deberían taparnos nuestra vista. Al fin y al cabo nuestro propio beneficio es más importante que los intereses de los demás. ¿Por qué debo sentirme responsable por otros que son cada vez más una masa anónima, y, si al mismo tiempo tengo la impresión que mi propia felicidad estaría amenazada o peor aún que la gente en general me ha perdido de vista?
Detengámonos aquí por un instante y escuchemos nuevamente el texto bíblico para el sermón de hoy:
Todo lo que Dios ha creado es bueno, y nada es despreciable si se recibe con acción de gracias, porque la palabra de Dios y la oración lo santifican.
¿No queremos todos la felicidad de los despreocupados lirios del campo en su ser de la abundancia creada por Dios? Ellos agradecen a su Creador con su magnificencia y alegran a aquellos que se cruzan en su camino.
Qué distinto es nuestro ser. Necesitamos que nos recuerden constantemente el núcleo de nuestro ser. El autor de la primera carta a Timoteo tiene presente justamente eso. Él lo sabe.
Aquellos que supuestamente temen a Dios tienen un “ardor en la conciencia” como él lo llama (V. 2). Inventan cada vez nuevas reglas, prohiben el casamiento y ciertos alimentos (V. 3). Hacen creer a quienes buscan orientación, que tienen las respuestas que describen el camino hacia un futuro mejor. En este sentido, muchos actores políticos de nuestros días no son tan diferentes a ellos.
“Pronto nos van a prohibir respirar”, escuché decir a alguien con voz enojada hace un tiempo. Se refería a “los de arriba”, aquellos que no tienen nada mejor que hacer que arruinar nuestras vidas con nuevas restricciones.
Pero ¿La clave para una manera de ser diferente se encuentra en un catálogo de prohibiciones en constante expansión? ¿No se trata de moderación y atención a lo que Dios nos ha confiado? ¿No es más importante tomar una actitud diferente ante la vida?
Dios no nos confió la Tierra para que pudiéramos explotarla y dejarla finalmente destruída. Al mismo tiempo no vivimos en un espacio vacío. Nuestro ser está unido a otros seres humanos, a otras criaturas y a la naturaleza.
Quiero mostrar con dos ejemplos muy personales, cómo somos capaces de lograr grandes cambios con muchos pequeños pasos en el día a día.
El primer ejemplo es sobre nuestra movilidad. Por mi trabajo me he movilizado en las últimas semanas con el automóvil. No existe una alternativa real para movilizarse en estas comunidades tan grandes especialmente porque me movilizo entre dos comunidades que se encuentran en el proceso de fusión. La tecnología de los automóviles modernos me muestra exactamente el consumo de gasolina mientras manejo. Cuando nuestro concesionario puso el automóvil a mi disposición, se podía leer en la pantalla un consumo promedio de 5,8 litros por 100 kilómetros. Rápidamente pude reducir el consumo a 4,1 litros por 100 kilómetros. Una diferencia de 1,7 litros por 100 kilómetros. Es decir la llenada de un tanque de 35 litros alcanza para 853 kilómetros en vez de solo para 603 kilómetros. No solo me demoro más tiempo andando sino que ahorro 15 Euros cada vez que lleno el tanque. Si parto de que ando 1500 kilómetros al mes entonces tengo un ahorro de 37,50 Euros. Todo esto es posible si manejo de forma moderada y no saco el mayor provecho de mi automóvil. En un paisaje en donde hay tantos animales esto también beneficia a ciervos, liebres, zorros y otras criaturas que atraviesan la carretera. Y los aldeanos de un lugar se alegran cuando hay menos velocistas en las calles angostas del pueblo. Me lo agradecen un “súper” o una cara sonriente.
El otro ejemplo tiene que ver con la alimentación diaria. Antes de irme de aquí, del distrito de la iglesia hace cuatro años a Guatemala, pesaba mucho más. Al alimentarme de una manera más consciente dejé atrás los kilos de más. Aunque no me privé de nada definitivamente. Más bien adopté el siguiente principio: aumenta lo bueno y evita lo malo.
Si vemos nuestros cuerpos como un ecosistema, rápidamente queda claro que nuestros hábitos alimentarios son beneficiosos o perjudiciales para nuestra salud y bienestar. Al mismo tiempo nuestra “hambre” de esto o aquello también quiere ser saciada y llama a toda una industria. Esto lo podemos dirigir directamente a través de nuestros hábitos alimentarios. Lo que no se consume al final ya no se siembra o no se produce.
El segundo ejemplo también ilustra que: si actúo con más cuidado y consciencia, mi comprensión de las conexiones fundamentales aumenta – en este caso de mi cuerpo.
El descuido frente a conocimientos adquiridos conduce rápidamente a consecuencias dañinas, y, en última instancia, incluso amenazantes para mi ser. Al final el médico me plantea un diagnóstico maligno.
De vuelta a una, podría decir, “nueva humildad”. Menos con frecuencia, no solo en el tema alimentación, es más. Dejémonos cautivar por una “nueva serenidad” que nos permita tomarnos el tiempo para las cosas realmente hermosas de la vida. Aprovechemos nuestros viajes obligatorios para la “desaceleración” y sumerjámonos en la maravillosa creación de Dios mientras conducimos. Así los trayectos no seguirán siendo un mal necesario para llegar de A a B. Más bien adquirirán un carácter meditativo. Y allí a donde llegamos estaremos más presentes y relajados. Y eso es lo que importa: estar por completo en el aquí y ahora.
Al final, de eso estoy seguro, aquella voz que nos ha apurado, cada vez enmudecerá más.
Algunas cosas pasarán al primer plano y otras pasarán a un segundo plano y solo en raras ocasiones determinarán nuestra vida cotidiana.
Podríamos evitar algunos momentos complicados y dolorosos en lo personal o en lo social si actuáramos de manera mas consciente y serena. Corregir desarrollos erróneos siempre es más difícil que adoptar un enfoque más previsor. En algún momento simplemente ya no será posible convertir los desiertos que surgen de nuestras vidas en oasis florecientes. Los científicos hablan de puntos críticos o del así llamado punto de no retorno (Point of no return).
Demos diariamente pequeños pasos que tengan gran impacto. Desarrollemos creatividad para aquellas cosas y patrones de comportamiento que nos acerquen lo que para la mayoría de nosotros se describe como profunda felicidad: bienestar, salud, comunidad, consistencia, solidaridad, justicia y paz – y todo esto en una naturaleza con toda su belleza y singularidad, poblada por una diversidad de animales y especies que nos llena de admiración.
Dios nos dio respiración para que vivamos.
Nos dio ojos para que nos veamos.
Dios nos dio esta Tierra
Para que soportemos el tiempo en ella
Dios nos dio esta Tierra
Para que soportemos el tiempo en ella (EG 432)
Amén
