
Sermón del Domingo Pentecostés
Iglesia Evangélica Luterana La Epifanía
Guatemala, 28 de mayo 2023
Pastor Thomas Reppich
Queridos hermanos,
la fiesta de Pentecostés del día de hoy nos invita cada año nuevamente a reflexionar sobre la esencia de nuestra congregación:
- la unidad a pesar de la diversidad,
- el bautismo como inicio de una vida consciente con Dios,
- la comunión en la Cena del Señor y en la oración,
- la unión al escuchar la palabra de Dios,
- la comunión en el amor activo,
- y por último, pero no menos importante, a través del idioma.
Cuando el Espíritu de Dios está obrando en las personas, cualquier comprensión del lenguaje pasa a un segundo plano.
¿Entonces por qué nos apegamos todavía tanto al lenguaje y le damos tan poco espacio al Espíritu de Dios y a su obra?
Todo lo que nos podemos decir con palabras, está conectado estrechamente con la mente. Lo pasado se puede describir con el lenguaje y es un bien muy valioso para tener algo en el recuerdo. Pero no solo recordamos eventos del pasado con el lenguaje. El lenguaje es también la forma externa para recoger conocimientos, desarrollar teorías y redactar textos legales que pretenden regular mejor la convivencia.
Poder describir con palabras las asuntos, los deseos y las expectativas, pero también las preocupaciones, los miedos y uno que otro disgusto, es importante para nosotros.
(Aunque no entre en detalles al respecto, soy consciente, mientras digo esto, que además del lenguaje existen otras formas de comunicación. Comunicación no verbal y las formas modernas en las redes sociales complementan nuestra comunicación verbal y para algunas y algunos incluso es la única opción.)
Y, sin embargo, sentimos demasiado claramente los límites del lenguaje, a más tardar cuando lo dicho por nosotros no es comprendido por nuestra contraparte; cuando no encontramos las palabras adecuadas; cuando una conversación toma un giro desagradable e incluso las palabras bien intencionadas ya no son „escuchadas“.
El lenguaje, es decir lo que podemos expresar con palabras, endurece las zanjas que a veces se erigen entre las personas. Incluso antes de que uno haya hablado, el otro cree haber escuchado lo necesario, interrumpe y formula la argumentación.
„Solo quiero callar, no decir nada más, no dar pie a que mi pareja tenga la oportunidad de agredirme con palabras.“ Ya he escuchado varias veces esta frase en el transcurso de mi tiempo de servicio. Pero honestamente, ¿no hemos pensado algo similar alguna vez?
Cuando el Espíritu de Dios está obrando en las personas, cualquier comprensión del lenguaje pasa a un segundo plano.
Por eso escuchemos algunas palabras del apóstol Pablo, que él escribió en ese entonces a la iglesia en Corintio y que fueron escogidas para el día de Pentecostés de hoy como texto para el sermón:
- Corintios 2
(Nueva traducción de ginebra)
12 Pero nosotros recibimos ese espíritu, el espíritu que es de Dios, no el espíritu del mundo. Por eso también podemos reconocer lo que Dios nos ha dado en su gracia.
13 Y cuando hablamos de ello, lo hacemos con palabras, que no nos enseña la prudencia humana, sino el Espíritu de Dios; explicamos lo que Dios nos ha revelado a través de su Espíritu con palabras que el Espíritu de Dios nos inspira.
Una parte de estas palabras de Pablo me parece que tiene un significado especial. Lutero no estuvo en su tiempo en la traducción de la palabra εἰδῶμεν (1. P plural indicativo de οἶδα – ver, saber) tan cerca del texto original griego. En ese entonces él tradujo „para que sepamos“. Incluso en la traducción que acabo de leer de la „Nueva Traducción de Ginebra“ dice „reconocer“.
El idioma inglés se acerca más al texto original con su „aware“: ser/tomar conciencia. Porque allí se trata más bien de observar interiormente. Percibimos algo a través del Espíritu de Dios, es decir espiritualmente, de lo que de otro modo, por decirlo de otra forma, no podríamos ser conscientes.
También podemos decir: el Espíritu Santo nos despierta o dicho de una manera más piadosa nos „hace despertar“. Cada despertar en nosotros es de naturaleza espiritual. La mente solo va a poder adivinar en qué consiste este avivarse del despertar interior. A algunos esto les produce miedo, porque no quieren renunciar a la seguridad básica de la mente. A otros los llena de esperanza, porque su mente hace tiempo que se ha perdido y no es capaz de entrelazar muchas cosas, que se muestran y ocurren en el aquí y ahora en nombre de Dios.
„La iglesia arde, el Reino de Dios apremia“ así se llama el capítulo final de un libro publicado hace algún tiempo y que se llama „Ir al colegio de Jesús“. Fue escrito por Hubert Frankemölle | Hanspeter Heinz, dos teólogos católicos. Uno es teólogo bíblico y el otro teólogo pastoral.
De una manera u otra somos muy conscientes de cuánto está ardiendo en la iglesia y también en muchas congregaciones.
„Como en los tiempos bíblicos, esto sólo puede tener éxito gracias a la fuerza creadora del Espíritu Santo, que se manifiesta claramente en los „signos de los tiempos“. (Gaudium et Spes 4.11), como la „Constitución Pastoral del Concilio sobre la iglesia del mundo de hoy“ llama los vigorosos empujones en las costillas del Espíritu Santo.“ (Página 12)
Se habla entonces de un Espíritu que da empujones en las costillas. Un Espíritu que a través de su sensible acercamiento hacia nosotros nos hace conscientes, de qué se trata realmente y cómo se deben comprender los signos del tiempo. Cuando las personas nos perciben como parte de la iglesia o de una congregación concreta, a través de lo que decimos o lo que hacemos, y ya no pueden sentir lo que nos „apasiona“, lo que nos impulsa, cómo estamos siguiendo a Jesús, entonces el alejamiento de aquellos que están en la búsqueda y que también quieren encontrar una patria espiritual, es demasiado comprensible.
Objetar que la iglesia y las congregaciones ya han superado otras crisis no le da espacio al Espíritu Santo y hace que Pentecostés sea superfluo.
Me gustaría contrarrestar esto con un poema de Kurt Marti que no por casualidad forma la conclusión del libro mencionado.
¿Espíritu Santo?
No una fuente romana donde el agua cae en cascada
jerárquicamente de arriba a abajo
sobre escalones y cuencos.
Espíritu Santo:
Fuentes,
surgen, rompiendo desde abajo
(En la base, ¡Si!),
discreto, escondido inicialmente, forzado nunca.
Kurt Marti
(Kurt Marti, La Deidad Sociable. Un Discurso © Radius-Verlag, Stuttgart 2004 )
Spiritus Jesu Christi,
Espíritu de Jesucristo,
Spritus caritatis,
Espíritu del amor,
Confirmet cortuum
Fortalecerá el corazón.
(Taizé 35)
Amén
