Vanidades IX

Zahra comenzó a temblar. Su respiración se entrecortó.

„¡Respire!“

Las palabras ya no la alcanzaron. Se desplomó y perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí, estaba en el piso. La médica la había colocado en una posición lateral estable.

„¿Qué pasó?“

Casi no se podía escuchar la voz de Zahra.

„Usted se desmayó.“

„¿En dónde estoy?“

„Usted está en mi consultorio. Soy la doctora Brandl. Soy su médica.“

„¿Médica? Yo estoy sana.“

„Eso es muy cierto. Usted está perfectamente sana.“

„¿Entonces qué hago aquí?“

„Usted vino, porque hace tres semanas se pasó la fecha de su regla.“

„¿Regla?“

Zahra la miró interrogativamente. De pronto la recorrió un pensamiento.

„Usted no quiere insinuar…“

„No. Usted vino hoy para que la examinara. Usted sin duda está en la sexta semana de embarazo.“

„¡Ay Dios!“

„Espere, le voy a ayudar a incorporarse para que sigamos hablando con calma.“

La doctora le ayudó a Zahra a levantarse y la acompañó hacia un pequeño grupo de sillones en una esquina del consultorio. Zahra se dejó caer en uno de los dos sillones. Por un momento se quedó mirando fijamente hacia el frente.

„No lo puedo tener.“

„Tal vez hoy es demasiado pronto para tomar una decisión.“

„No tengo que recapacitar sobre mi decisión. Simplemente no se puede.“

„El padre del niño …“

Zahra la interrumpió.

„Padre. A lo sumo el progenitor.“

„¿Cómo se llama?“

„Que yo sepa eso es algo que no debería interesarle.“

Zahra se sorprendió de sí misma por su tono tan rudo.

„Por favor discúlpeme. Usted tiene razón. Normalmente la pregunta por el padre sería justificada. Sin embargo solo conozco su nombre. Solo nos encontramos una vez. Además yo había consumido alcohol y realmente no puedo acordarme.“

„¿Pero usted sabe en dónde y cuándo estuvo con él?“

„El 12 de septiembre después de las diez de la noche. Solo recuperé mi consciencia hasta el siguiente día. No puedo decir cómo llegué a mi habitación del hotel.“

„Perdone si pregunto. Usted no tiene que contestarme. No voy a anotar nada de lo que usted me diga. Mi experiencia y su temblor de antes sin embargo me dicen que en el momento sería bueno si usted pudiera desahogarse un poco.“

Zahra se quedó pensando por un momento.

„Con seguridad no me hará mal.“

„¿Tiene usted alguna idea del por qué en la última media hora, desde que está conmigo, repetidamente usted ha temblado?“

„No puedo imaginarme haber quedado embarazada de esta manera. Eso no puede ser..“

„¿No puede ser? ¿Qué quiere decir?“

„El niño no es de mi esposo. Él no sabe nada de eso. Él piensa hasta el día de hoy que yo estuve en una reunión de trabajo. La idea de que él sepa algo de esto me asusta mucho. Ese sería el final.“

„¿Y usted de verdad no se puede acordar con quién estuvo?“

Zahra se concentró en reflexionar. Cerró los ojos, como si eso pudiera ayudarle en el intento de recordar. 

Ella negó con la cabeza

„De verdad que no. Hay un hoyo grande y negro.“

„Tómese tiempo por uno o dos días. Tal vez así pueda recordar algo. ¿Tiene que regresar hoy al trabajo?“

„No. Puedo trabajar desde la casa. Mañana tengo una cita alas 11 de la mañana en el juzgado.“

„¿Usted trabaja allí?“

„Soy juez.“

„¿Necesita un pequeño descanso? ¿Tranquilidad para pensar? ¿Tal vez tiempo para tener la conversación con su esposo? En todo caso usted está ante una decisión de gran alcance. Yo podría, hoy es martes, digamos que incapacitarla hasta el viernes.“

A Zahra la oferta le pareció tentadora. Todas las citas pendientes podían ser delegadas. Sería una oportunidad para visitar a una buena amiga. Todavía tenía un resto de vacaciones y no le mencionaría nada de eso a su esposo.“

„Tal vez usted tenga razón. Entonces nos vemos nuevamente al inicio de la próxima semana.“

„Voy a anotarme el lunes para usted,. Por favor coordine con mi secretaria la hora exacta y que le dé el número de mi celular por si hay alguna emergencia. ¡Cuídese!“ 

Cuando ella salió a la calle, se le aguaron los ojos espontáneamente.

Cuando Clemens dobló hacia la carretera del mar, buscó un sitio para estacionarse. Habían estado en camino las últimas horas sin hacer ninguna parada y él sentía la necesidad de estirar las piernas. 

Un poco más tarde estaban sentados en la banca de piedra  de un bar y miraban hacia el mar. En el horizonte se podía ver un una banda de nubes que había tomado el color fuego del sol que acababa de ocultarse.

„Pienso que voy a pasar la noche en el mismo hotel que tú y continúo mi viaje mañana después del desayuno. Naturalmente solo si no te importa.“

Clemens se giró hacia Miriam.

„De acuerdo. Conozco un buen restaurante de pescado en donde podemos cenar más tarde.“

„Suena bien.“

En la noche ambos estuvieron sentados largo tiempo en la terraza del pequeño restaurante. Desde el mar llegaba una fresca y leve brisa. 

„¿Dónde estábamos?“

Clemens quería retomar su conversación con su pregunta.

„Las metas en la vida, decisiones y me parece recordar que me preguntaste si creo en la vida después de la muerte.“

„¿Y lo crees? Me quedaste debiendo una respuesta.“

„Lo quiero decir de la siguiente manera. Si supiéramos que todo permanece siendo como es, entonces sería insensato creer en eso. Y si supiéramos que en algún momento todo cambia, sería igual de insensato esperarlo.“

„Entonces ¿no crees en eso?“

„No me importa. La pregunta no me interesa. Me trae ahora una nueva botella de ese delicioso vino a esta mesa..“

Clemens sacudió la cabeza y pidió otro Rosé.

„Asumamos que tu vida es como un casete. ¿No le harías un avance rápido si supieras con seguridad que te espera una vida mejor después de tu muerte?“

Miriam miró a Clemens sorprendida.

„¿Pasas mucho tiempo con cabriolas así en tu cabeza? Incluso si así fuera, los pensamientos así de locos solo me roban la alegría del momento. Y tal vez le siga a un momento maravilloso el siguiente, y siempre sigue así hasta el final de mi vida. Entonces ¿por qué debería hacer un avance rápido?“

„Si estos días existieran, los oprimiría para que todo tenga un final.“

„Gracias por la noche tan bonita hasta ahora. Entiende si ahora busco una compañía que no sea tan depresiva.“

„No quise decir eso …“

„Disculpa si te interrumpo. Me di cuenta que tú y tu esposa están pasando por un momento difícil. Y sin embargo, hace rato que no hablas de un pasado turbulento cuya continuación en el futuro solo te hace estremecer.“

Clemens tenía la mirada fija hacia el frente. Entonces cerró los ojos por un momento. Cuando los volvió a abrir se le iluminó a cara por un instante.

„Amo el olor del mar.“

„¿Estás de vuelta entre los vivos?“

„Si así lo quieres.“