Vanidades X

Zahra buscó el interruptor de la luz, cuando entró en la casa. Clemens parecía no estar allí. Aliviada respiró profundamente. Había caminado durante horas por el bosque. En algún momento incluso había pensado en acostarse bajo un techo de helechos, en cerrar los ojos y esperar dormirse para no despertar jamás. Para esa noche habían pronosticado heladas.

En lugar de eso ella había seguido caminando y caminando. ¿Cómo había podido ocurrir todo eso? Solo podía recordar vagamente la capacitación. Para ser más exactos el tiempo de esa noche más tarde, luego de la cena con todos. Ella había formado parte de los que se habían quedado a tomar una copa en el bar. Una copa seguida por otra. Su recuerdo se activó en la mañana con los rayos de sol que la despertaron entrando por una abertura de la cortina. 

Le había dicho a la doctora 10 de la noche. ¿Pero eso era realmente cierto? Ni siquiera estaba segura de la fecha. Sin embargo tampoco quiso revisar en el calendario de su celular. Solo quería dejar todo atrás. Hacer como si todo eso no hubiera pasado. Ella volvería a llamar a la doctora para preguntarle si no habían intercambiado los resultados.

No había ninguna luz encendida ni en la cocina ni en la sala. Desde el piso de arriba caía un destello de luz sobre los escalones superiores de la escalera de madera. Entonces él si estaba.

Por un corto instante pensó si debería ponerse en camino de una vez a donde su amiga. Cambió de parecer. Eso solo lograría que Clemens desconfiara innecesariamente. Le parecía más importante no dejarse notar nada por ahora.  El tema de la incapacidad sería suficiente desafío para el resto de la noche. En esto ella aún no tenía claro cómo guiar la conversación hacia el tema.

Cuando ella entró en su estudio, Clemens estaba sentado ante la pantalla de su computador. Los pasos de ella no se podían escuchar sobre el tapete suave. Desde atrás pasó ambos brazos alrededor de él. Él se asustó.

“Mi Amor, cuántas veces más voy a tener que pedirte que no te acerques tan sigilosamente a mi.”

“Perdona.”

Ella lo besó.

“¿Te pasa algo? Te ves como si estuvieras completamente agotada.”

“Tienes razón, fue un día largo. Un caso complicado. Además estuve caminando un rato. Necesitaba algo de aire fresco. Hubo algo más de tormenta de lo que pensé. El otoño, el otoño. ¿Vamos a cenar juntos?”

“Con gusto. Todavía me demoro un poquito. ¿Te molesta ir poniendo la mesa?”

“Así lo haré. ¿Qué te parece una ensalada, queso y algo de pan?”

“Ya se me hace agua la boca.”

“¿Quieres una copa de vino para acompañar la cena?”

Clemens estaba de pie frente a ella con una botella de vino tinto y dos copas en las manos.

“Preferiría tomar un té. De alguna manera tengo un poco de frío.

No quieres tener el niño, le cruza a Zahra por la mente. Entonces no hay razón para tener consideración a través de otras costumbres para beber.

“Tal vez después de la cena.”

Zahra comió sin apetito. Tuvo que forzar cada bocado.

“¿Cómo te fue con tu caso?”

“La juicio se desarrolló sin mayores inconvenientes.”

“¿No hubo ningún esposo molesto ni una esposa gritona en la tribuna de visitantes?”

“Nada de eso.”

“Eso me alegra. Las últimas semanas fueron suficientemente agotadoras. Con solo pensar en el secuestro egoísta de semanas atrás me siento mal.”

Tal vez sea mejor estar preso en un sótano oscuro, que estar embarazada.

“A propósito. Por todo el trabajo que tuve en las últimas semanas no hice horas extra. Porque esas no existen en nuestro gremio. Pero me siento algo cansada y estuve pensando en visitar a Tanja unos días. ¿Eso está bien para ti?”

“Hazlo, si tu trabajo te lo permite.”

“Gracias por tu comprensión.”

“Te va a hacer bien. El jueves tengo un evento en la universidad. Voy en tren y pensé en no regresar esa noche.”

“Tal vez tengas la oportunidad de ir a tomar una cerveza con tu colega.”

“Vamos a ver. La última vez Paul no estuvo”

“Más tarde voy a llamar a Tanja para coordinar todo con ella. Yo estaría regresando el domingo por la noche.”

“Perfecto. Voy a cocinarnos algo rico. ¿Puedo encargarte limpiar todo? Tengo que terminar de hacer algo.“

„No hay problema. Voy a llamar a Tania. Y voy a irme a dormir. Estoy muy cansada.“

Clemens ya estaba sentado en la mesa de la noche anterior, cuando ella salió a la terraza.

„Los croissants son deliciosos” anunció él con la boca llena”

“No te entiendo,” bromeó Miriam.

Un poco más tarde ella mordió la punta de su propio croissant.

“De verdad son deliciosos!”

“¿Cierto? Solo por eso ya valió la pena hacer el largo viaje. No hay nada mejor que un croissant fresco y un buen espresso en la mañana.”

“Prefiero el cortado. Dependiendo del grado de tueste el espresso a veces me parece muy fuerte para tomar a tempranas horas de la mañana.”

“Cómo estuvo la noche?”

“Corta.”

“Ya tienes planes para hoy?”

“Vi en internet, que aquí cerca hay un retiro con el emocionante nombre de Oasis de Paz”

“Pensé que esos tiempos ya los habíamos dejado atrás.”

“¿Qué quieres decir?”

“No importa. Mejor cuéntame qué te atrae.”

“Yoga, un jardín maravilloso, el paisaje. Tienes tiempo de llevarme hasta allá?”

“Cuándo sería eso?”

“A eso del medio día hay un curso en el que me gustaría participar. Final abierto.”

“Voy a mirar de una vez en el mapa. Tal vez algo me llame la atención. Y si no, simplemente me sumerjo en el paisaje. Amo andar entre los campos de lavanda y respirar su aroma.”