
Sermón del 7. Domingo después de Trinitatis
La Epifanía – Ciudad de Guatemala
23 de julio de 2023
Pastor Thomas Reppich
Hechos de los Apóstoles 2
41 Así pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas. 42 Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. 43 Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. 44 Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: 45 vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. 46 No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, 47 alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.
Queridas hermanas, queridos hermanos,
Un niño despabilado de 7 años me preguntó alguna vez en la Mañana de Iglesia para Niños: „¿Usted me puede decir por qué nos vemos tan rara vez? Usted acaba de relatarnos sobre los primeros cristianos y que ellos hacían todo juntos. Yo solo vengo a la Mañana de Iglesia para Niños y mis padres para Navidad y tal vez para Pascuas. Entonces tengo que rogarles, porque me encanta buscar huevos de pascua después de la misa.“
Para ser honesto, al principio me quedé sin palabras.
Los hijos miden nuestras palabras por lo que hacemos. Escuchan atentamente las explicaciones a sus preguntas. Sobre todo perciben de manera muy vigilante, cómo y si ponemos nuestras palabras en acción.
Notamos que: incluso con los más jóvenes no es tan fácil contar la historia demasiado familiar de la iglesia primitiva. Y considerándolo de manera precisa, difícilmente hay una congregación que no mire con envidia la época de los primeros cristianos.
¿Qué pasó con el tiempo de los comienzos?
„Supongo que ustedes la embarraron“, me dijo un alumno en la clase de religión no del todo sin alegría del mal ajeno. Seguramente su visión crítica estaba formulada de manera muy corta y general.
¿Qué podemos contarles a nuestros hijos sobre la vida?
Desde hace tiempo tenemos claro que no podemos apostarle a que ellos mismos encuentren sus respuestas. Depende de nosotros, es nuestra responsabilidad testificarles lo que sustenta nuestra vida y por lo que nos orientamos fundamentalmente.
Seguramente la mayoría de los padres se toman esta responsabilidad muy en serio, aunque de formas muy distintas. La siguiente historia ilustra una de esas posibilidades:
Historia: „¡Aprovecha cada oportunidad y llegarás muy lejos!“
Un padre y un hijo hacen un paseo por la ciudad.
„¡Ven, quiero darte una lección importante para la vida!“
El hijo no sabe muy bien de qué le está hablando el padre. Este se queda parado frente a un vendedor ambulante que vende cuadros enmarcados.
„¿Qué precio tiene este cuadro?“, pregunta el padre y señala uno.
„Cincuenta Euros“, responde este.
„¿Esa es su última oferta?“, quiere saber el padre.
„Lamentablemente no puedo hacer nada al respecto. Apenas gano dinero con eso.“
„¿Qué vale el cuadro sin el marco?“, pregunta el padre con insistencia.
„Sin marco serían 35 Euros.“
„Está bien, entonces me llevo el cuadro sin marco.“
El padre le entrega el dinero al vendedor. Este lo toma y le entrega el cuadro enmarcado.
„Lléveselo así. No puedo hacer nada con el marco.“
Un rato después el padre mira al hijo de manera significativa:
„¿Ves? De eso se trata la vida. Cada oportunidad en la vida debe ser aprovechada. Ahorramos 15 Euros. Con eso que se puede ahorrar de esa forma, algún día se puede comprar un carro elegante. ¡Recuérdalo y llegarás lejos!“
En mi tiempo de escuela profesional hubo una vez un día de proyecto con el título „Preparados para el futuro“. Sin duda, queremos preparar a las generaciones venideras para el futuro. ¿Pero queremos prepararlos para la vida como lo hace el padre con el hijo? ¿Sigue prevaleciendo el principio de Darwin que solo los más aptos al final van a sobrevivir?
Desde hace mucho tiempo ha sido cuestionado. Desde que se reconoció que la evolución no se desarrolló sucesivamente, sino que fueron los saltos en la historia (llamados saltos cuánticos en física) los que marcaron la diferencia.
Con la aparición de Jesús se presentó un salto cuántico así, como para nosotros los protestantes seguramente el tiempo de la reforma fue uno así.
Sin embargo, sin abusar de la física, podemos afirmar que los organismos vivos – a los que también podemos incluir a las iglesias y las congregaciones – se caracterizan por dos cosas esenciales:
- Para mantenerse viables los organismos necesitan de una determinada cantidad de átomos/miembros.
- Para sobrevivir necesitan de un suministro constante de energía, es decir alimento.
Por eso observemos nuevamente más de cerca la historia del los orígenes de la iglesia primitiva, de la que habla el texto para el sermón de hoy:
- Al comienzo está el bautismo de fe, el compromiso con Dios, que hasta el día de hoy es sellado a través del acto sacramental del bautismo.
- Lo que se podría considerar como alimento es la enseñanza, la comunión en la santa cena y la oración.
- Parece que para el autor de los hechos de los apóstoles hay otro punto que es importante: „Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común.“ (V. 44)
Precisamente el último punto habla de algo fundamentalmente diferente de lo que el padre le transmite al hijo. La comunidad se convierte en el factor más importante. Nuestra vida no depende de si nos posicionamos bien en el momento oportuno o si „utilizamos“ a los demás para nuestros propios intereses si es necesario. Todo depende de que seamos parte permanente de una comunidad – es decir para nosotros los cristianos ser parte de una congregación que alaba a Dios y que lo ve como punto de partida y como meta en la vida.
Para algunos la representación de la iglesia primitiva es demasiado idealizada. Pero si incluso uno aceptara esto, hay más que idealismo en ese „estaban juntos y tenían todo en común“.
Comprenderse como comunidad de hermanas y hermanos no solo amplía parcialmente nuestra visión de la vida, sino que nos transforma. Experimentar día a día que cada una y cada uno de nosotros no está solo, nos libera y nos llena de paz interior. Cuanto más pueda olvidarme de mi mismo, entre más me pueda desprender de mis propios miedos sobre mi existencia y pueda encomendarme a esa comunidad de hijos de Dios, sentiré y podré experimentar que estoy recibiendo mucho más de lo que pensaba perder.
Por eso es bueno no tener tanto en cuenta lo que dice la gente. Aferrarnos a cada una de sus palabras a menudo nos ofrecerá poco que sea útil en nuestras propias vidas.
Caminar juntos en las huellas de Jesús se convierte inevitablemente en un salto cuántico para nuestra propia vida sin que podamos iniciarlo nosotros mismos. Claro podemos hacernos bautizar. La bendición del acto como de muchas otras cosas que compartimos como cristianos radica en la comunidad que actúa y vive en comunión.
Partir el pan con los hambrientos, hablar con los que están sin palabras, cantar con los que están tristes y compartir la casa con los solitarios (canción 420) es la semilla, el alimento, que nos establece como comunidad y nos mantiene vivos.
¡Gracias a Dios!
Amén.
