
Sermón del 12. domingo después de Trinitatis
La Epifanía – Ciudad de Guatemala
27 de agosto de 2023
Pastor Thomas Reppich
Isaías 29
17 Muy pronto el Líbano se convertirá en campo fértil, y el campo fértil se convertirá en bosque. 18 En aquel día podrán los sordos oír la lectura del rollo, y los ojos de los ciegos podrán ver desde la oscuridad y la penumbra. 19 Los pobres volverán a alegrarse en el SEÑOR, los más necesitados se regocijarán en el Santo de Israel. 24 Los de espíritu extraviado recibirán entendimiento; y los murmuradores aceptarán ser instruidos.
Queridos hermanos,
El destino puede tocarnos y al mismo tiempo enmudecernos. Pasan cosas que son tan atroces, que realmente nos dejan sin palabras. Si otros quieren expresarnos sus pensamientos y sensaciones en relación con dichos acontecimientos, cerramos nuestros oídos.
Nos sentimos impotentes frente a lo que está ocurriendo. Nos gustaría poder coger aquella varita mágica y provocar un cambio para mejorar. Y si no lo podemos hacer, debe de haber alguno que tenga el poder de cambiarlo todo.
Un ratito seguro estamos dispuestos a aguantar, pero entonces debe llegar el punto de inflexión. Desde hace demasiado tiempo las cosas no son, como deberían ser. Y si hay uno, nos aferramos a él. (Si, hemos aprendido a estar atentos a las mujeres sabias para ver si no hay alguna que pueda abrirnos la puerta a otro mundo.)
Permítanme incluir un pensamiento intermedio, antes de continuar. El hecho que el profeta Isaías hable del Líbano como un lugar en el que se puede esperar alcanzar la salvación, me hizo pensar en aquel país de nuestra historia contemporánea, que desde hace décadas está invadido por la guerra y el terrorismo. La majestuosidad y belleza de ese país es el punto de partida para una esperanza viva, que le da la fortaleza a la juventud de hoy, de trascender a las diferencias culturales y trabajar hacia un futuro diferente. El Líbano es al mismo tiempo la patria de Khalil Gibran, que muchos de nosotros conocemos por su libro „El Profeta“. (https://www.arte.tv/de/videos/114290-001-A/libanon-khalil-gibran-der-prophet/)
Este libro que está lleno de sabiduría, trata de un profeta, que después de mucho tiempo de espera finalmente puede embarcarse para regresar a su patria en barco. Aquellos que a través de los años escucharon sus palabras llenos de curiosidad, le piden que reconsidere su viaje y tome una decisión diferente. Tienen la impresión para sí, que su partida los devolverá a aquellos viejos tiempos, ya que a menudo les faltaba la visión para lo esencial de la vida cotidiana.
Permítanme leerles algunas líneas del inicio del libro: (cita)
“Y también se le acercaron otros y le rogaron. Pero él no dio ninguna respuesta. Sólo inclinó la cabeza; y quien estaba cerca de él podía ver que las lágrimas caían sobre su pecho. Y él y el pueblo se encontraban en una gran plaza frente al templo.
Y entonces una mujer salió del santuario, cuyo nombre era al-Mitra. Y ella era una vidente. Y él la miraba con ternura íntima, pues era la primera que lo había buscado y había creído en él cuando él apenas había estado un día en la ciudad.
Y ella lo saludó y dijo: “Profeta de Dios, en la búsqueda del Altísimo, por mucho tiempo estabas buscando tu barco. Y ahora llegó tu barco y nos tienes que abandonar. Es profundo tu anhelo por el país de tus recuerdos y del lugar de residencia de tus más grandes deseos; y nuestro amor no puede atarte, ni nuestra necesidad retenerte. Por eso te pedimos, antes de que nos dejes, que nos hables y nos des de tu verdad. Y lo transmitiremos a nuestros hijos y a sus hijos y tu verdad no perecerá. En tu soledad has velado con nuestros días y en tu vigilia escuchaste el llanto y la risa de nuestro sueño. Así que ahora revélanos y cuéntanos todo lo que te ha sido revelado sobre lo que hay entre el nacimiento y la muerte.
Y él contestó: “Gente de Orfalîs, ¿de qué más podría hablar sino de qué es lo que mueve sus almas en este momento?“ (Khalil Gibran, El Profeta, dtv, Munich, 2002)
Como es bien sabido el profeta accedió a la petición que le hicieron y en el discurso que siguió abordó muchos temas elementales de la vida, desde el amor hasta la muerte.
Me parece notable la indicación del profeta al final de la cita que les leí: “Gente de Orfalîs, ¿de qué más podría hablar sino de qué es lo que mueve sus almas en este momento?“
¿No se nutren siempre nuestros deseos y anhelos de lo que mueve nuestras almas? Como el profeta Isaías, el propio Jesús recurrió más tarde a esa “visión original”, cuando los discípulos de de Juan Bautista vienen a él, les pide que le digan: “Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas..“ Lukas 7,22
Estas son las palabras que ya nos han sacado a algunos de nosotros de nuestro letargo. Personas que no pudieron escuchar durante mucho tiempo o solo un tiempo y querían escuchar. Personas que habían apartado la mirada, porque aquello que vieron los llenó de horror.
De lo que tenemos que hablar en estos días es de lo que vemos cada día y de lo que nos conmueve, si lo podemos permitir, porque nuestra esperanza es mayor que nuestra desesperación.
(Música interludio: „Schenk uns Weisheit“ – Regálanos sabiduría EG 656)
Vale la pena dedicarse a aquello que nos mueve en pensamientos en este momento, incluso, o especialmente si nos deja desconsolados por un tiempo.
Miremos a nuestro alrededor.
Aquí están reunidos, aquellos que ponen su esperanza en Dios.
Aquí están unidos los que con confianza toman cada día de la mano del Señor.
Aquí están sentados aquellos, que confían en que el Eterno mueve nuestras almas.
¿De qué podríamos hablar fuera de aquello que mueve nuestras almas en este momento? Y de aquello de lo que hay que hablar, sea de la alegría y del sufrimiento, de la libertad y la responsabilidad, del bien y el mal, de la despedida y la esperanza, todo nos unirá en la fe.
“Regálanos sabiduría, regálanos valentía
Para los miedos, para las preocupaciones, para la vida hoy y mañana.
Para admitir la verdad y ver la angustia alrededor de nosotros.
Para el tiempo en el que vivimos, para el amor que damos.
Para los muchos pequeños pasos, Señor quédate en medio de nosotros. Regálanos sabiduría, regálanos valentía.“ (EG 656)
Amén.
