
Sermón del domingo de la eternidad
La Epifanía – Ciudad de Guatemala
26 de noviembre de 2023 – Domingo de la eternidad
Pastor Thomas Reppich
Queridos hermanos,
Este domingo miramos más allá de todas las dimensiones temporales de nuestras vidas. Al mismo tiempo recordamos a los difuntos de este último año eclesiástico. Con su muerte sentimos también claramente la finitud de nuestras vidas.
Esta interacción también se refleja en los dos nombres que usualmente se utilizan para este domingo. Hablamos del domingo de muertos o domingo de la eternidad. A veces la muerte se nos acercó tanto con la pérdida de un ser querido que el nombre “domingo de muertos” nos parece más adecuado. Al mismo tiempo luchamos con el hecho de que muchas cosas ya no nos son posibles. Lo que hasta hace poco era evidente, nos ha sido arrebatado irremediablemente. Por eso es muy comprensible que añoremos un mundo diferente, que nos prometa un reencuentro con aquellos que fallecieron.
En la búsqueda de una imagen adecuada que hable de todo esto, encontré una xilografía en color de Wassily Kandinsky de 1911. Lleva el título significativo “La gran Resurrección”.
(Fuente de imagen: https://st.museum-digital.de/object/83914
Observémosla más de cerca. ¿Qué podemos ver?
- Llama la atención la elección de colores. Negro, blanco, gris y rojo.
- Arriba al lado izquierdo se ve a un ángel que toca un cuerno. Tal vez suene un tono estridente que no se puede ignorar.
- Un poco más abajo se ve un pájaro rojo con el pico abierto. ¿Expresa su sorpresa? ¿O refuerza el mensaje asociado con el sonido del cuerno?
- Más abajo hacia la mitad se reconoce una culebra. Su mirada es tenebrosa. ¿Indica esto que su poder se termina definitivamente en el gran día de la gran resurrección?
- Abajo a la derecha se ve una figura sin cabeza. Tiene los brazos levantados en señal de imploración.
- Arriba de ella hay otra figura con un vestido rojo. Tiene el cabello parado y su boca expresa asombro, tal vez incluso miedo.
- Arriba, casi en la mitad se puede apreciar un sol ardiente.
- Finalmente veo un caballo con jinete sobre un fondo rojo.
Seguramente esta imagen muestra muchas mas cosas, como la flor roja en la esquina inferior izquierda. Lo que me llamó la atención de la imagen es que el título sugiere mucho más de lo que finalmente muestra. Así es. Pensé. Tenemos a la muerte claramente a la vista porque todos la hemos experimentado alguna vez en nuestras familias y entre nuestros amigos. Estos hechos permanecen palpablemente vivos con todas sus facetas incluso después de pasados muchos años. ¡Qué contradicción! ¿Cómo puede ser la muerte testigo de la vida? Pero hablaré de esto más adelante.
También recordamos claramente los días antes y después de la muerte de ese ser querido. Tal vez estuvimos presentes cuando la difunta o el difunto tomó su ultimo respiro. O tal vez una llamada telefónica nos sacó abruptamente de nuestra vida cotidiana. Nos despedimos y la o lo acompañamos hasta su tumba. En los días posteriores estábamos perturbados, no podíamos ni queríamos aceptar lo que había pasado. Ni rastro de la eternidad. Tal vez una idea vaga de ella. Un pequeño rayo de luz en un tiempo bastante sombrío.
En mi opinión Kandinsky se muestra profundamente reservado. No nos presenta una imagen de “La Gran Resurrección“ en un mundo lejano y diferente. Más bien hace juegos malabares con imágenes conocidas, también de la Biblia, como el sonar del cuerno o de varios trombones. Lo que él vio, perdió cada vez más su representación en su cuadro. Fue la comprensión que lo atrapó cada vez más: hacerse una imagen del mundo puede ser posible. Pero mi imagen nunca podrá ser la imagen de otro. Y hablar de las últimas cosas o tratar de relacionarlas con imágenes no es posible.
Por muy reales que sean para nosotros las experiencias con la muerte, en algún lugar y en algún momento algo siempre se disuelve dentro de nosotros. Nos quedamos sin palabras y todas las imágenes que de otro modo veríamos tan claramente frente a nosotros, se vuelven borrosas.
¿Cómo puede ser la muerte testigo de la vida?
Regresemos nuevamente a esta pregunta. En el Salmo de hoy dice de una manera muy sabia: “Enséñanos a recordar que debemos morir, para que adquiramos sabiduría.” Salmo 90, 12
La muerte, tan radicalmente como trastorna nuestras vidas, tan tristes como nos hace sentir, nos obliga, sin embargo, a regresar a la vida. De cara a la muerte sentimos ambas cosas: la propia finitud así como el gran tesoro que es la vida
Ninguna muerte que experimentamos pasa sin dejar huella en nosotros. Y a pesar de ello, esa experiencia nos lleva a ser más conscientes y cuidadosos con nuestra vida.
“Deseo para mis hijos sobre todo una cosa: cuando ya no esté con ellos, quiero que sean felices y que aprendan a apreciar la vida como un regalo de nuestro Dios.” Esto lo confesó un padre moribundo en su lecho de muerte y añadió: “Claro que también deseo que me recuerden con benevolencia y que a veces simplemente me lleven con ellos en su viaje, como si todavía estuviera entre ellos. No sé si algún día nos volveremos a ver. Lo que Dios tiene pensado para nosotros ciertamente va más allá de cualquier idea que podamos imaginar. Pero encontrar sosiego, seguridad y la paz definitiva en Él, me permite morir en paz.”
Al no pintar un cuadro del más allá, Kandinsky está expresando algo fundamental: al final de nuestros días, solo podemos confiar en el amor, que es esencialmente difícil de describir y cuyas dimensiones e impacto son inimaginables.
Está bien así, pienso yo, porque en el fondo no necesitamos más que esta promesa: nada, ni siquiera la muerte, podrá arrancarnos de la mano de Dios. Y si durante nuestras vidas atravesamos valles sombríos de muerte, entonces también estará a nuestro lado y nos dará la fortaleza para levantarnos, incluso hoy, aquí y ahora.
Amén.
