
Sermón del 22. Domingo después de Trinitatis
Iglesia Evangélica de Herren-Sulzbach
27 de octubre 2024
Pastor Thomas Reppich
Miqueas 6,8
“¡Ya se te ha dicho, ser humano, lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el SEÑOR: Guardar la palabra de Dios, practicar el amor y humillarte ante tu Dios.
Queridos hermanos,
Para nosotros, los adultos, el punto de encuentro enTaizé fue la tienda de campaña “F”. Un lugar en el que tomábamos los alimentos, escuchábamos la introducción diaria a un texto bíblico por parte del hermano Jean-Marie y luego nos reuníamos con nuestro grupo de habla española para intercambiar ideas sobre el texto.
El hermano Jean-Marie supo explicarnos con palabras sencillas las ideas y afirmaciones centrales del texto. Esto incluía un principio recurrente que realmente me atrajo:
- Concentración en el mensaje bíblico
- Interpretación del texto
- Énfasis en los conceptos principales
- Preguntas para invitar a reflexionar
Hoy quiero orientarme en ello en mi interpretación del texto y desisto de muchas cosas que considero importantes en mis sermones. En la segunda parte deseo darles tiempo para reflexionar junto con otros sobre el texto bíblico. También incluí unas preguntas para reflexionar en el programa de hoy.
“Ya se te ha dicho, ser humano.“
Nos hablan personalmente. Si, Dios nos habla de manera tan directa como cuando alguien nos llama aparte para comentarnos algo importante. Nos genera curiosidad y queremos saber qué nos va a decir él o ella. Incluso si lo dicho al final no nos gusta. Ninguno de nosotros va a poder decir que no se habló sobre ello.
“Lo que es bueno.“
¿Qué es bueno?, nos preguntamos espontáneamente. Quien habla de lo bueno, conoce lo malo, lo indebido. Sin embargo, Miqueas no lo menciona. Es suficientemente conocido. “¿Cuántas veces más tengo que decírtelo?”, podría decir el profeta como enviado del Señor. Él, como otros antes que él, se cansó de repetir esto una y otra vez.
“Ya se te ha dicho, ser humano, lo que es bueno, lo que de ti espera el SEÑOR.“
Las expectativas que Dios tiene de nosotros son conocidas. ¿Por qué seguimos preguntando cuáles son? ¿Nos hacemos los tontos o los sordos? ¿Intentamos distraer? ¿Queremos ganar tiempo?
Eso que Miqueas vuelve a decir en nombre de Dios, no puede ser más sencillo:
“Guardar la palabra de Dios y practicar amor.“
El mundo no es distinto solo por escuchar la palabra de Dios. Pero nosotros cambiamos y al final también el mundo en el que vivimos y nos movemos. Cada día de nuestras vidas obtiene así algo del reflejo del Señor.
Hace bien recordar diariamente la Palabra de Dios. Quien lo hace al inicio de un día, necesariamente lo vive de una manera diferente: Fortalecido, animado y al mismo tiempo desafiado. Experimentamos la aceptación y la exigencia de Dios. Solo entonces o debo decir a través de ello es posible amar.
Escuchar la palabra de Dios y practicar el amor. Si ignoramos este orden todo tiene que empezar desde el principio: “Se te ha dicho…”
Recordamos los monólogos recurrentes con nuestros hijos: ¿No te dije…?
Cualquiera que acepte escuchar la palabra de Dios y luego practicar amor, demuestra humildad ante la vida – y finalmente ante Dios nuestro Creador.
“Ser humilde ante tu Dios“
Hace tiempo sabemos que no tenemos el control sobre nuestras vidas, por mucho que lo deseemos y aunque hagamos todo lo posible para lograrlo. Las cosas se presentan de una forma diferente y la gente no es tan “influenciable” como nosotros quisiéramos.
Construir junto con otros el Reino de Dios, también aquí en la congregación futura 3, es un esfuerzo comunitario. Cada una y cada uno de nosotros hace una contribución importante e indispensable a su manera.
(Fase de conversación en voz baja con la vecina/el vecino)
Que lo más importante en una congregación no simplemente ocurre, esto lo tuvo muy claro Martin Gotthard Schneider cuando escribió la canción en 1962 y la cual cantamos al comienzo
En el barco, que se llama congregación, uno se pregunta de ida y vuelta: ¿Cómo encontraremos el rumbo correcto para navegar en el ancho mar? Aquel aconseja aquello, el otro lo otro, se habla mucho , y, por lo miope que uno es, solo se llega más lejos de la meta. Pero en donde se evita el ruido y se prefiere escuchar y callar, Dios ciertamente mostrará el camino correcto. EG 604.4
Escuchar la palabra de Dios y responder con amor a lo escuchado, eso es lo que importa. Y estoy seguro que Dios nos da la bendición para el camino.
Amén
