
Sermón Nochebuena
Ev. Kirche Mörschied
24 de diciembre 2024
Pastor Thomas Reppich
Isaías 9,1
El pueblo que camina en tinieblas ve una gran luz, y sobre aquellos que habitan en la tierra oscura, ella brilla intensamente. Isaías 9, 1
“Este año no tengo ganas de Navidad.“
Queridos hermanos,
Cuántas veces he escuchado esta frase a lo largo de mis años de servicio. Las razones para tener que decir esto eran muy diferentes:
- Familias que aún estaban en medio de un duelo por un ser querido.
- Y un año después: El vacío que dejó el esposo fallecido, aún se siente de manera dolorosa. La esposa quiere esconderse en alguna parte y decide hacer un viaje a un lugar que no le recuerde a su esposo.
- La primera Navidad en la lejanía. Por temas de trabajo se está lejos del hogar y el tiempo no alcanza para ir a la casa.
- Estaba todo planeado para una gran fiesta. La familia entera quería volver a reunirse después de tantos años. Y entonces ocurre lo terrible. Dos familiares se convierten en víctimas de un atentado brutal. La hija mayor muere inmediatamente mientras que su hijo lucha por sobrevivir.
Seguramente cada una y cada uno de nosotros alguna vez sintió algo así.
Poder al fin acercarse a la luz luego de un tiempo de oscuridad alrededor de uno. Este anhelo en nosotros lo conocemos cuando nos encontramos en fases complicadas y agobiantes de nuestras vidas. Deseamos poder respirar de forma tranquila nuevamente y ganar fuerzas.
El júbilo del alma, que ve llegar al fin el crepúsculo del nuevo día luego de una noche de insomnio, también lo conocemos bien. Aunque el mundo sigue siendo el mismo, nuestro dolor y nuestra tristeza no se han disipado para nada y, sin embargo, percibimos como algo se abre dentro de nosotros. Damos un suspiro de alivio, ganamos nuevas esperanzas, seguro que la vida se desarrollará de una manera diferente hoy en la luz del día que comienza. Con cada rayo de sol vuelven a despertar en nosotros las ganas de vivir.
Aún así: Quien camina en la oscuridad – porque incluso con la luz del día, no puede dejar atrás la oscuridad, sobre él hay una gran sombra.
El pueblo que camina en tinieblas ve una gran luz, y sobre aquellos que habitan en la tierra oscura, ella brilla intensamente.
Esta es la Buena Nueva recurrente en Navidad. Dios se convierte en hombre, para encontrar la salvación para nosotros, a pesar de lo que nos rodee en la vida.
La mente sabe hace tiempo de esta diferenciación. Sigue siendo una obligación hacer que nuestro mundo y nuestras vidas sean más justos, más respetables y más dignas de ser vividos. Debemos enfrentarla todos los días.
La principal preocupación de Jesús fue siempre ante todo la salvación de una persona. Él sabía que la vida le cambia a una persona cuyo cuerpo o alma ha sido sanado. Y nosotros también lo sabemos.
Las personas que han sido sanadas no pueden evitar tratarse a si mismas y a las vidas que les han confiado de manera diferente. En ello hay una gran fuerza, que a veces también puede hacer tambalear a sistemas políticos.
No obstante, es una señal de honradez y madurez saber la diferencia entre salvación y bienestar.
La humanidad fue traicionada por mucho tiempo y una y otra vez con falsas promesas. La iglesia también contribuyó a que las personas creyeran ciegamente que la propia vida mejoraría solo con creer.
La vida nos enseña incesantemente justo lo contrario. Para que de lo vivido no resulte que nos apartemos de la fe, tengamos presente la salvación de Dios. Para eso nació Jesús y lo defendió toda la vida.
¿Qué nos queda en la Nochebuena de 2004 – cuatro días después del atentado en Magdeburgo, después de todo aquello que hemos vivido en este año no solo en términos de júbilo?
Queda un profundo anhelo, en un mundo ruidoso y estridente, sin paz, marcado por el terror, la guerra: Nosotros queremos poder dejar atrás ese temor y escuchar, que encontramos la paz, una paz de las almas.
No permitamos que nuestra perspectiva se vea oscurecida por las preocupaciones en este y por este mundo. No sin motivo dice Jesús: “Buscad primero el Reino de Dios y toda su justicia.”
Para nosotros ha iniciado un tiempo de sanación. Esta es la luz, la cual brilla en la oscuridad más profunda y la ilumina. Gracias a Dios.
Amén.
