
Sermón para Año Nuevo
Matthäi-Kirche Bonn-Duisdorf
1 de enero de 2025
Queridos hermanos,
La persistencia de guerras, de la crisis climática y la muerte de especies, las crisis nacionales y otras cosas más, hace que iniciemos el año 2025 con preocupación.
El sociólogo cultural, Andreas Reckwitz, describe nuestro tiempo como un tiempo marcado por experiencias de pérdida y de miedo, que se han convertido en un problema fundamental en la modernidad.
El progreso y la creencia firme en él por mucho tiempo fueron simultáneamente la norma y la promesa: “La creencia en el progreso dice, que el futuro para la sociedad y el individuo serán mejores que en el presente, así como el presente ya es mejor que el pasado.” Por eso cada experiencia de pérdida representa un “escándalo”. Durante demasiado tiempo su visión de la ausencia de pérdidas se presentó como un paradigma: “Ser moderno, es decir, ser progresista, lo que significa, acercarse al estado de la libertad de pérdida.“
Sobre esta base Andreas Reckwitz describe, la tarea básica del siglo 21 como sigue: El futuro nunca va a poder estar libre de experiencias de pérdida, por eso han de ser integradas, para que podamos vivir, no intactos sino prósperamente.
Detengámonos por un momento y leamos el versículo bíblico que fue elegido para 2025. Debe mostrarnos, a su manera, el camino a través del nuevo año:
“Sometedlo todo a prueba, aferraos a lo bueno“ , dice allí. (1. Tesalonicenses 5,21)
Pero, ¿qué es lo bueno?
Para cada una y cada uno puede ser algo muy diferente:
- el cambio para lo positivo, en el discurso político la gente suele hablar de transformación;
- la recuperación de algo que se vive una vez de manera positiva, lo que los críticos consideran el retroceso a tiempos nostálgicos;
- o, para decirlo como Andreas Reckwitz: La estructuración del presente como tarea, que se toma en serio las vivencias de miedo, preocupación y precisamente la pérdida y que al mismo tiempo incluye una vida y una unión prósperas.
Tal vez el versículo bíblico elegido para el año 2025 necesite de una ampliación del contenido, una concreción, que deje claro, de qué se trata lo bueno. Jesús dice al comienzo de su obrar:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor» (Lucas 4,18-19)
Lo bueno es mejor que lo que deseo para mi mismo.
- Anunciar el Evangelio a los pobres, solo tiene sentido, si al mismo tiempo tengo presentes sus vidas y sus condiciones de vida.
- Los cautivos, bien sea en si mismos o aquellos que están cumpliendo su condena, necesitan más que la apertura de una puerta que acabó de ser cerrada para ellos.
- Los ciegos y otros discapacitados desean curación, pero si esta no llega, desean sobre todo cuidado, respeto y apoyo.
- Un alivio de la deuda sería para muchos como abrir una puerta hacia el futuro, si luego pudieran hacerse cargo de ella y ser responsables.
Por muy personal que lo podamos formular para nosotros mismos, lo bueno es más un esfuerzo comunitario para Jesús, algo que hacemos nuestro, junto con los demás, de forma creativa, inventiva, con empatía, persistente y sobre todo con amor.
En los días de Navidad mi esposa y yo recibimos un saludo de un artista callejero de Antigua/Guatemala, Gabriel. Él escribió: “Les deseo a mis amigos, la bendición de Dios para un próspero año nuevo.”
Este saludo fue un poco diferente a otros que también recibimos: Bendición para un próspero año nuevo.
Entendí el saludo de Gabriel de la siguiente manera: No nos desea una vida libre de preocupaciones y pérdidas, sino un año nuevo próspero, que conozca los desafíos, que se reafirme en la fe y en la comunidad y que se centre en las tareas que se deben hacer para la convivencia.
Al mismo tiempo recuerdo una visita a unos dolientes poco antes de Navidad donde unos padres, cuyo hijo murió hace algunos meses. Los visité una y otra vez, pero su desolación por su pérdida no tiene fin. Para ellos lo único bueno sería un hijo vivo.
A veces los tiempos sombríos requieren practicar la serenidad, un dejar ir, que se hace posible porque otros no se apartan de nuestro lado y nos acompañan.
¿Y si pudiéramos prescribir lo que se presenta con serenidad? Hace tiempo que dejamos de creer en un futuro mejor que llega con el progreso. Al mismo tiempo sabemos que no se trata de un regreso a viejos y “mejores” tiempos.
Pero estamos llenos de esperanza, que, más allá de las preocupaciones y las pérdidas que obligadamente se presentarán en 2025, en unión con otros, tendremos toda la riqueza en ideas, toda la fortaleza, creatividad y con ello las posibilidades en nuestras manos para crear un futuro para nuestro beneficio y el de otras personas
Y esto que es bueno, y que obviamente incluye el bienestar material o el sustento necesario, será sobre todo algo cuya “riqueza” sentimos en el corazón, una dicha que no se puede comprar, pero que nos hace brillar a todos.
En este sentido: Por un próspero año 2025 en el Espíritu de Jesucristo y con la bendición de nuestro SEÑOR.
Dios con nosotros.
Amén
