La tristeza y la pérdida tienen rostros, tienen lugares

Sermón 2. Domingo después de la epifanía

Iglesia Ev. Georg-Weierbach

19 de enero de 2025

Pastor Thomas Reppich

Jeremías 14

1 Esta es la palabra del SEÑOR, que vino a Jeremías con motivo de la sequía: 2 «Judá está de luto y sus ciudades desfallecen; hay lamentos en el país, y sube el clamor de Jerusalén. 3 Los nobles mandan por agua a sus siervos, y estos van a las cisternas, pero no la encuentran. Avergonzados y confundidos, vuelven con sus cántaros vacíos y cubriéndose la cabeza. 4 El suelo está agrietado, porque no llueve en el país. Avergonzados están los campesinos, cubriéndose la cabeza. 5 Aun las ciervas en el campo abandonan a sus crías por falta de pastos. 6 Parados sobre las lomas desiertas, y con los ojos desfallecientes, los asnos salvajes jadean como chacales porque ya no tienen hierba». 7 Aunque nuestras iniquidades nos acusan, tú, SEÑOR, actúas por causa de tu nombre […] 9 SEÑOR, tú estás en medio de nosotros, y se nos llama por tu nombre; ¡no nos abandones! 

Queridos hermanos,

las palabras del profeta difícilmente pueden ser más impresionantes. Generan en nosotros un raudal de imágenes comparables, que más bien hacen pensar en un nuevo año 2025 apocalíptico. En pensamientos estamos más bien lejos de esperar con alegría lo que nos traerá este año.

Hay guerras en curso, incendios forestales inusuales que no concuerdan con la estación del año y muchas cosas más. El cese al fuego entre Hamas e Israel podría ser un primer rayo de esperanza.

En estos días estamos en el avance rápido de camino a la elección federal. Todos los partidos prometen, como es su costumbre, que 

lo van a hacer mejor, o que en nuevas constelaciones lo quieren hacer mejor. Unos quieren hacer volver la rueda atrás, los otros quieren transformar la economía, por otra parte otros rechazan siempre la participación en guerras de cualquier forma y no olvidemos a aquellos que tienen en cuenta el bienestar de la gente pobre.

Ninguno de los partidos que compiten por los escaños en la nueva cámara baja del parlamento se atreve a mostrar la honestidad necesaria. En principio le va a ir mejor a la mayoría de los alemanes. El crecimiento y el progreso son vistos ilimitadamente por casi todos como el fundamento de un buen futuro, no, de un futuro mejor. Es previsible que las estructuras sociales que nos proporcionaron durante mucho tiempo bienestar y seguridad, como el clima, colapsen cada vez con más frecuencia y se estén saliendo  de control. La culpa de eso siempre la van a tener los otros que son incompetentes y cometen errores. Admitir de manera autocrítica el propio fracaso es algo que no se les ocurre y al final solo les costaría los votos, es decir, el poder.

La auto-reflexión del profeta Jeremías está muy distante de esto:

“Aunque nuestras iniquidades nos acusan, tú, SEÑOR, actúas por causa de tu nombre. Muchas son nuestras infidelidades; ¡contra ti hemos pecado!“

Jeremías no tiene duda alguna de que su situación actual tiene que ver con su mala conducta. No pretende que solo algunas personas tienen el poder y la palabra y que reemplazar a un grupo de personas allanará el camino para un futuro mejor.

En octubre del año pasado fue publicada una obra fundamental importante para nuestro tiempo del sociólogo Andreas Reckwitz con el significativo título “Pérdida – un problema básico de la época moderna”.

Resumido de manera corta se trata de lo siguiente:

Según su descripción, los seres humanos vivimos hoy en un tiempo muy ambivalente. Por un lado se sigue apreciando mucho la creencia en el progreso. El futuro va a ser siempre mejor que todo lo que nos haya traído el pasado. Justamente el crecimiento económico es el motor que hay que impulsar. Incluso las crisis vividas solo son temporales, tiempos de transición – aplicado cínicamente a la crisis climática actual:  “Siempre ha habido tiempos de cambios climáticos.” Por otro lado no se pueden hacer desaparecer las experiencias sociales y personales con la pérdida (pérdida del empleo, enfermedad, muerte, fracaso de relaciones y otras cosas más). Sin embargo, no ponen en duda la creencia en el progreso en sí, sino al final a cada una y cada uno de nosotros. En nuestra época las experiencias de pérdida están excluidas de la conciencia pública. Se supone que son casos aislados los que padecen de esto y por eso se los puede descuidar porque a la mayoría todavía le va bien.

Andreas Reckwitz nos insta a su manera a volver a poner las experiencias de pérdida en el centro del discurso y de la vida social y privada.

“Señor Pastor, es difícil morir solo”, me dijo hace años un moribundo. “Me alegra y estoy agradecido que tengo a mi familia a mi lado. Me va a acompañar hasta mi último suspiro. Eso me facilita irme y soltar.”

Parece ser que a aquellos que pueden hablar abiertamente sobre sus miedos y preocupaciones y que no lo evitan ni siquiera frente a la muerte, les va mejor.

¿Es posible que comience una mejora de una crisis vivida a nivel personal o social si llamamos las situaciones por su nombre? Si lo confieso sin avergonzarme, el fundamento de mis miedos y preocupaciones ya no es un error de los demás. Si, en el sentido de Jeremías esto también quiere decir que: muestro responsabilidad por mi actuar erróneo y mi culpa que contribuyeron a que todo sea como es.

También podríamos decir junto con Andreas Reckwitz: el futuro mejor comienza allí donde le damos la espalda a la época moderna que es hostil frente a la pérdida.

Permítanme un pequeño salto reflexivo. Una experiencia central de pérdida que se presenta en las comunidades y en el círculo eclesiástico de Obere Nahe, es aquella, que ve necesaria la desaparición de estructuras comunitarias antiguas y el cierre de iglesias y centros comunitarios. 

Sin poder ni querer hablar en contra de esto, quiero resaltar con base en lo dicho: la tristeza y la pérdida son tareas a las que hay que darles forma activamente. Quien cree poder prescindir de esto, les roba el alma a aquellos que están frente a la pérdida de estructuras queridas o que están obligadas desde hace tiempo a callar y a observar en silencio.

La tristeza y la pérdida tienen rostros, tienen lugares. Esto incluye también, incluso en contextos comunitarios, mirar de manera autocrítica los acontecimientos desde el pasado hasta el presente. Sin embargo, el estar dispuestos a la autocrítica no debe terminar en una autoacusación generalizada. Para cada una de las comunidades, antiguas como fusionadas, el futuro está abierto.

“SEÑOR, tú estás en medio de nosotros, y se nos llama por tu nombre; ¡no nos abandones!“

El profeta Jeremías nos recuerda que Dios está en medio de nosotros. Confiamos en que algunos caminos torcidos nos llevarán a un futuro diferente si caminamos erguidos y con una fe firme, aunque tal vez para muchos en estos días eso sea utópico.

Permítanme contarles al final una historia corta y utópica:

Un día en un futuro remoto el abuelo está en camino con su nieto. En una caminata a través de los campos ambos pasan por un pueblo pequeño. Se detienen frente a la ruina de un viejo edificio:

“¿Qué es eso?“, pregunta el nieto.

“Eso fue una iglesia“, contesta el abuelo.

“¿Una iglesia? ¿Y eso qué es?“

“Un lugar en donde la gente antes celebraba la misa.“

“¿Y por qué está tan destruida la iglesia?”

“Porque la comunidad en algún momento ya no tenía dinero.“

“¿Me puedes contar más sobre aquel tiempo de esa comunidad?“

“Pues, esta comunidad no la conozco realmente. Pero en la nuestra no fue diferente.”

El abuelo le cuenta a su nieto de sus experiencias que son de tiempo atrás y que ya casi había olvidado. A medida que va hablando lo invade una gran tristeza. Siente aquella vieja tristeza que sintió en ese entonces.

“Abuelo, ¿qué te entristece?”

“Que todo ocurrió de tal manera que mi comunidad y también otras dejaron de existir.”

“Lo que me cuentas se oye tan emocionante. Estoy seguro que  no soy el único que lo percibe de esa manera.”

El abuelo se seca una lágrima de su mejilla y le sonríe a su nieto.

“Sería maravilloso si todo pudiera volver a comenzar de nuevo como fue al principio en el tiempo de Jesús.”

“Abuelo, ¿por qué no? Comencemos aquí. La próxima vez invitamos a otros a una merienda y tu les cuentas sobre viejos tiempos. Sobre todo historias sobre ¿cómo es que se llama?”

“Jesús.“

En tiempos en que las vivencias de pérdida pierden sus sitios, depende de nosotros mantenerlos hasta donde sea posible.

La tristeza y la pérdida forman parte de nuestras vidas, también de la vida de una comunidad en el ir y venir de la historia.

La tristeza y la pérdida son parte de la historia de Dios con nosotros los seres humanos o como Jeremías nos lo recuerda:

“SEÑOR, tú estás en medio de nosotros, y se nos llama por tu nombre; ¡no nos abandones!“

Amén