
„Enséñanos a considerar que debemos morir, para que seamos sabios.“ Salmo 90,12
Nuestra existencia es parte de un contexto más amplio. Nos gusta hablar de la presencia de Dios, aunque sea muy diferente a pasar tiempo con un buen amigo. Para ser más precisos: no solo vivimos en la presencia de Dios, sino que de ella. En esencia, no hay un momento en nuestra existencia en el que estemos exentos de la omnipresencia de Dios.
Sin embargo, nuestra mirada suele estar fijada en el espacio y el tiempo. Podemos comprenderlos de alguna manera con nuestra mente. Si miramos más allá de esto, rápidamente nos damos cuenta de nuestra propia finitud. Por más sabio que sea recordar esto una y otra vez, al mismo tiempo puede sumergirnos en el „abismo“.
Dios nos dice: en toda vuestra finitud, permanecéis en mi presencia, seguros y protegidos.
