Vanidades XI

„¿Estás embarazada?“ 

Tanja la miró incrédula. Ella solo asintió.

„Eso es maravilloso. Ven brindemos por eso. Creo que todavía tengo una botella de champaña en la nevera.“

„¿Y qué dice Clemens?“

La pregunta que venía desde la cocina ya no la alcanzó. La silla del comedor, de la cual quiso agarrarse llena de pánico, se volcó y un poco después Zahra cayó bruscamente al suelo.

Sobresaltada por el ruido, Tanja salió corriendo de la cocina.

„¡Zahra! ¿Qué te pasa?“

Cuando ella volvió en sí, su cabeza estaba apoyada en los brazos de su amiga.

„¿Qué pasó? ¿En dónde estoy?“

„Parece que te desmayaste. Voy a llamar una ambulancia.”

Zahra negó vehementemente con la cabeza.

„¿Qué es lo que pasa contigo? Tenemos que asegurarnos que todo está bien con el bebé.“

„¡No!“

Su mirada suplicante la hizo estremecerse.

„¿Puedes levantarte?“

„No es tan grave.“

Tanja le ayudó a levantarse. 

„Te llevo al sofá, allí puedes recuperarte. Estás temblando.“

„Me alegra tanto por ustedes.“

Tanja se santiguó.

„Finalmente funcionó. Está claro que en todo caso voy a ser la madrina. ¿Para cuándo se calcula el nacimiento?“

„El bebé no es de Clemens.“

Pasó un momento antes de que Tanja comprendiera lo dicho. Se quedó sin palabras.

„El bebé no es de Clemens. ¿Me escuchaste?“

„Eso no puede ser. Quiero decir, seguro que estás equivocada.“

„Error excluido. Clemens y yo no nos hemos visto casi en las últimas semanas. Además …“

„¿Además qué?“

„Hay alguien más.“

„¿Tienes un amorío? ¿Y con eso solo vienes a mi cuando estás embarazada?“

„No. No es así. Yo misma me enteré hace pocos días. No tengo un amorío. Ni siquiera conozco el nombre del progenitor.“

„¿Dejaste que un completo extraño te dejara embarazada?“

„Tal vez deberías escucharme primero, antes de seguir hablando tonterías sin fundamento. No vine para que me hagas reproches. Ya me los hago yo misma.“

Tanja hizo un claro movimiento frente a su boca y no dijo nada.

„Es cierto, los últimos meses no fueron fáciles para nuestra relación. Tuve un caso muy complicado en los tribunales. Durante muchos días no volví a casa. Clemens parecía habérselas arreglado con eso. En los primeros días me esperó. Luego comenzó a dormir en el cuarto de huéspedes. Debí de haber sido más cuidadosa con nosotros. En lugar de ello me sumergí más y más en mi trabajo. Al mismo tiempo tenía un anhelo tan grande de tener tiempo juntos. Sobre todo esperaba una mayor comprensión para con mi trabajo. Finalmente fue su idea que me postulara para el puesto en el Tribunal de Distrito hace algunos años. Tuve la sensación de que me evitaba cada vez más. En los días en los que yo dormía en la casa, el tiempo ni siquiera alcanzaba para comer juntos. Yo llevaba el trabajo conmigo y generalmente me concentraba en los expedientes hasta altas horas de la noche. Cuando participé en septiembre en una capacitación estaba frustrada. Varios testigos importantes se habían retirado y ya no querían testificar. El caso más importante de mi carrera profesional parecía perdido. Mi matrimonio, mi lugar de retiro, del que siempre me sentí tan orgullosa parecía una pila de escombros. Cuando algunos de nosotros fuimos para tomar una copa en el bar del hotel, primero no quise ir. Estaba cansada. Luego me dejé convencer. Tal vez quise olvidar todo y dejarlo atrás en la embriaguez. No puedo recordar claramente que fue lo que pasó en esa noche. Cuando desperté a la mañana siguiente, él se había ido.”

„¿Él?“

„Sólo conozco su nombre… Johannes.“

„¿Pero hay una lista de participantes?“

„¿No entiendes? No puedo tener al bebé. Realmente sería el fin de mi matrimonio.“

„¿Quieres abortar?“

„Ya estuve donde la doctora. La próxima semana vuelvo a ir. Entonces hablaremos de todo lo demás.“

„¿Por qué estás aquí?“

„Te necesito como mi amiga. Tu ya me conoces hace tanto tiempo.“

„¿Pero por qué viniste? Hubieras podido llamarme para informarme sobre tu decisión.“

Una mezcla de impotencia y molestia resonó en la voz de Tanja.

„Yo no quería eso.“

„¿Quieres decir que aún no te has decidido?“

„Si. No. Ay, de verdad que no sé.“

„No quiero acosarte. Tenemos tiempo en los próximos días. Me tomé libre. Podemos hablar, salir a caminar. Pero por ahora vamos a tomar una copa o dos. No para brindar por el embarazo, pero sí por nuestra amistad.“

Salieron de la carretera de la costa y entraron en un pequeño callejón sin salida. Luego de algunos kilómetros que conducían de forma empinada hacia arriba, el callejón se volvió cada vez más estrecho. 

„Ojalá no tengamos tráfico en sentido contrario. No quiero estar obligado a andar en reversa.“

„Mira, la maravillosa vista sobre el mar.“

„Debes estar bromeando. Debo concentrarme únicamente en manejar.”

„Entonces paremos en la próxima bahía alternativa. Me gustaría disfrutar por un momento de la vista.“

Luego de la siguiente curva el callejón se volvió más plano.

„Mira, Clemens, allá adelante hay un mirador con un pequeño parqueadero. Qué bueno que tienes un cacharro viejo y no una SUV moderna. Con un carro así no podrías detenerte allí.“

Cuando se bajaron del carro los golpeó un fuerte viento.

„¡Es grandioso! Lo lejos que se puede ver.“

„Mejor me quedo aquí“, dijo Clemens un poco tímidamente.

„¿Le tienes miedo a las alturas?“

Él asintió.

„Entonces cierra por un momento tus ojos e inhala y exhala profundamente.”

Sin pensarlo siguió sus instrucciones.

„Escucha el viento. Siente todo tu cuerpo desde tu cabeza hasta tus pies. Percibe lo firme que estás parado en el suelo. Inhala y exhala nuevamente profundamente antes de que vuelvas a abrir tus ojos.“

Clemens sintió el suelo firme bajo sus pies. Su miedo parecía haber desaparecido…

„Y ahora simplemente mira a lo lejos y disfruta de la vista. Es maravillosa.“

„Es grandiosa.“

„Mira allá.“

Miriam mostró hacia una banca que no estaba lejos de ellos.

„¿Nos sentamos en ella por un momento? ¿Hacer una pequeña pausa en este lugar tan estupendo? Este instante no regresará. Ahora no digas que lo podemos hacer a nuestro regreso. ¿Sabes lo que ocurre con las cosas cuando uno las pospone?“

Cuando ambos estaban allí sentados, Miriam se acercó más y más a él.

„Hola, viejo caballero, yo podría quedarme aquí sentada horas enteras. El viento, la vista, el aroma de la hierba y de los arbustos, sobre nosotros las gaviotas surcando el aire.“

Clemens primero quiso rebelarse contra el “viejo caballero”. Miriam se le adelantó. Enlazó su brazo con el de él, lo apretó suavemente, lo miró significativamente y luego reclinó su cabeza sobre el hombro de él.

Así debe sentirse, tener una hija, le pasó a Clemens por la mente.