
Sermón de despedida el 2. Adviento
La Epifanía – Ciudad de Guatemala
10 de diciembre de 2023
Pastor Thomas Reppich
Apocalipsis 3,8+10
Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre. Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra.
Queridos hermanos,
La primera vez que estuve en Antigua en 2013 me enamoré inmediatamente de las puertas tan llamativas. En ese entonces ya tomé muchas fotos. Aunque hoy las puertas casi siempre están cerradas, me siguen atrayendo.
Cuando se abre una puerta con frecuencia se puede ver un hermoso patio interior con muchas plantas y a veces incluso una fuente.
En el mejor sentido la congregación es un lugar así. Un lugar en donde se me abre una puerta, me dan una cordial bienvenida y puedo entrar.
Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar. Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre.
La fe, así lo experimenté también aquí en muchos encuentros de los últimos años, se basa en una profunda confianza en que Dios ha abierto sus puertas de par en par para nosotros. Puertas que nadie podrá volver a cerrar. Lo que sucede, puede ser experimentado por todos. Nadie está excluido, por muy pequeño, débil , insignificante o vacío que alguien se sienta. El nombre de cada una y de cada uno es conocido por el SEÑOR. Y porque esto es así, damos gracias, alabamos y glorificamos a Dios y enaltecemos su nombre – también hoy en este culto.
“Fíjese”, hemos escuchado esto muchas veces en los últimos años. Se nos aclaró que finalmente nos encontramos en Guatemala y que por eso todo es un poco diferente. Que simplemente es como es. Sin embargo, ninguno de nosotros dos entendió realmente por qué algunas puertas permanecieron cerradas inicialmente. Al fin y al cabo, muchas veces solo queríamos formar parte de esta vida colorida que se manifiesta en su variedad de matices.
Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra.
Por eso a menudo tuvimos que tener mucha paciencia y perseverancia. Ser paciente es algo muy familiar para nosotros los cristianos. Al respirar tres veces profundamente, el mundo no ha cambiado, eso me lo revela mi mirada, pero puedo enfrentar lo que me tienta con un poco más de calma.
Tener paciencia también puede sencillamente significar darle su tiempo a las cosas – no siempre es tan fácil para alguien como yo, que prefiere salir corriendo de inmediato que tomarse primero un cafecito.
A veces, como al principio de nuestra estancia con ustedes, nuestra paciencia se puso bastante a prueba. Primero no pudimos viajar y entonces al fin estuvimos con ustedes. El legendario paso de la frontera con el bicitaxi sigue siendo inolvidable. Pero la pandemia fue omnipresente. Entonces las puertas permanecieron cerradas. Los contactos fueron muy reducidos.
Qué alegría cuando al fin fue nuevamente posible celebrar el culto de manera presencial. Qué bueno que tenemos una iglesia aireada. Así fue más fácil cumplir con el protocolo requerido.
Qué significativo, pienso ahora en retrospectiva. La congregación necesita siempre viento fresco. La mente y el alma viven de eso.
Permítanme volver a la imagen de la puerta abierta. El Adviento es para mi un tiempo de las puertas abiertas:
- Son las pequeñas puertas del calendario de Adviento, como las grandes cuando se nos invita a cantar las canciones de adviento.
- Son las muchas puertas que nos abrimos a diario mutuamente, porque los días de Adviento de alguna manera son diferentes.
- Hace poco fueron las puertas del Club Alemán, las que estuvieron abiertas de par en par, para que todos pudiéramos celebrar un bazar inolvidable.
- Pronto las puertas de Cristo Rey estarán abiertas de par en par, invitando calurosamente a todos al servicio navideño para escuchar juntos las buenas nuevas de Dios para nosotros.
- Son las muchas pequeñas cosas las que hacen que el Adviento sea tan valioso y especial.
Decirles adiós a ustedes en Adviento es muy apropiado para nosotros. Nos vamos en el tiempo de las puertas abiertas de par en par. Todos los que hemos partido alguna vez – aunque fuera solo para salir de casa rumbo al trabajo – nos sentimos felices y agradecidos de que podemos regresar. Saber que esto es así es lo que todos necesitamos para podernos poner en camino.
Las casas, las puertas y sobre todo los corazones permanecen abiertos no importa por cuánto tiempo nos ausentemos.
Saber que la puerta de Dios está abierta de par en par para nosotros es maravilloso. No solo en Adviento. Amén
