Sumergirse en la fe

Sermón del 15. Domingo después de Trinidad

La Epifanía – Ciudad de Guatemala

12 de septiembre de 2021

Pastor Thomas Reppich

5 Entonces los apóstoles le dijeron al Señor: —¡Aumenta nuestra fe!

6 —Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza —les respondió el Señor—, podrían decirle a este árbol: “Desarráigate y plántate en el mar”, y les obedecería.

Lucas 17,5+6

Queridos hermanos,

en mis primeros años como pastor trabajé en el colegio vocacional de Wuppertal-Barmen y allí tuve un colega católico muy apreciado, al que le gustaba decirle a aus alumnos: „La fe comienza allí en donde termina el saber.“

Ya en ese entonces, encontré una visión de la fe en esta manera de interpretarla que se mantiene hasta el día de hoy. Muchas veces las personas comienzan a hablar de su fe, en donde la vida los confronta con acontecimientos incomprensibles. „Esa es una señal. Dios sí existe.“ Esto se escucha con frecuencia.  Son más bien los contextos cotidianos los que nos hacen decir esto. Alguien busca a alguien, es guiado por la inspiración, encuentra al buscado y explica retrospectivamente, que Dios fue quien lo guió.

La fe es para aquellos un considerar verdadero algo, que otros considerarían como un efecto secundario de la vida que no se puede explicar.

Siempre me he preguntado, cómo caben estos pequeños acontecimientos de la vida en la gran historia de Dios. Algunas cosas en mi propia vida todavía me parecen demasiado insignificantes como para que pudiera aferrarme a decir que Dios ha intervenido activamente en mi vida aquí o allá.

La fe, así me parece ser desde un principio, – también por el intenso estudio sobre Lutero, ante todo su texto „Sobre la libertad de un cristiano“ – es algo fundamentalmente diferente. Es algo a lo que nos podemos abrir o cerrar. La fe es más que un considerar verdadero de cosas y acontecimientos milagrosos en la vida.

La fe es una actitud fundamental frente a la vida. También se podría describir de la siguiente manera: la fe va más allá de lo que acaba de acontecer. Considera posible algo que aún no es. Al mismo tiempo no se proyecta como una idea deseada en un futuro esperado. El/la creyente se conecta con el sinnúmero de huellas de Dios en la historia y al mismo tiempo sabe que esa historia nunca podrá convertirse en la propia.

„Quien se mete al mismo río, a ese le llega cada vez agua diferente.“ Heráclito comparó alguna vez el ser con un río.

Me apropio de esa imagen maravillosa de Heráclito y conecto su declaración con la fe: La fe no la encontramos al observar el río ni al reflexionar sobre su apariencia. Somos rodeados por la fe si nos metemos en el río.

Hablar luego de las experiencias e intercambiarlas con otros solo acarrea una dificultad: el agua, que nos rodea al sumergirnos en el río, nunca es la misma. Y sin embargo es agua.

Los apóstoles salen al encuentro de Jesús en nuestro texto para el sermón de hoy con la petición: „¡Aumenta nuestra fe!“. Ellos parten de la base, como también nosotros a veces, que una gran cantidad de fe nos puede ayudar a sobrellevar muchas luchas de la vida cotidiana. Jesús responde de una manera extraña, que no depende de la cantidad de fe sino que haya fe. Él tampoco dice: „Crean en esto o en aquello y les va a ir bien en la vida.“

Para Jesús, como lo quiero expresar,  se trata más bien del „fenómeno fe“. Para ello se apoya en una imagen, para decir que la fe abre posibilidades, en donde nuestra mente ya no puede idear nada, en donde el futuro parece estar cerrado, en donde los caminos de la vida parecen ser inviables.

Ahí estamos otra vez en la actitud fundamental de la que hablé.

Acortamos el ser de la fe si la consideramos una instancia del pensamiento en nosotros, que explica lo inexplicable de la vida.

La fe, aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza, puede tener un gran impacto. Por eso no es decisivo en lo que creemos sino en dónde nuestra fe encuentra sus raíces.

El árbol del que habla Jesús, tiene raíces profundas y fuertes. Entonces depende de  que las raíces de nuestra fe estén firmemente ancladas en Dios.

Así que si nosotros estamos parados frente al río de la vida, lo podemos observar y esperar a que Dios se manifieste. Pero también podemos meternos en el por fe y confiar en que Dios se nos mostrará a su manera. Si nos sumergimos en el río de la vida seremos una parte de Dios y Dios será parte de nosotros.

Antes de que te buscáramos

estabas allí, 

Antes de que te llamáramos padre,

nos cuidaste como una madre.

Doblamos nuestras rodillas ante ti, Señor

saliste a nuestro encuentro como hermano.

Cuando suplicamos tu hermandad,

la respuesta fue fraternal.

Siempre eres tu, el que estuvo antes;

En todas partes eres tú, quien sale 

a nuestro encuentro. 

Kurt Marti

Sigamos el llamado de la fe. Metamonos en su río. Dejémonos lavar y dejémonos llevar a través de la vida. Amén.